Doctor Who Vol1

Para entender el alcance de Doctor Who Vol. 1, es fundamental situarse en el relanzamiento editorial que supuso la llegada de la licencia a Titan Comics. Aunque el Doctor ha tenido una presencia constante en las viñetas desde los años 60 (principalmente a través de *Doctor Who Magazine*), este volumen representa un punto de entrada moderno, diseñado tanto para lectores veteranos como para aquellos que solo conocen la serie de televisión. En concreto, este primer tomo, titulado habitualmente como *Revoluciones de Terror*, se centra en la encarnación del Décimo Doctor, capturando la esencia de la era de David Tennant pero expandiéndola con las libertades que solo el medio del cómic permite.

La narrativa de este volumen comienza en un entorno cotidiano que pronto se ve fracturado por lo extraordinario: el Brooklyn actual. La historia nos presenta a Gabby Gonzalez, una joven con aspiraciones artísticas que trabaja en la lavandería de su familia y se siente atrapada por las expectativas sociales y económicas de su entorno. Su vida da un giro radical cuando se ve envuelta en una infestación de parásitos psíquicos que se alimentan del miedo y la desesperación de los habitantes del barrio. Es en este escenario de caos urbano donde hace su entrada el Doctor, interviniendo con su característica mezcla de tecnobabilonia, urgencia y curiosidad insaciable.

El guion, a cargo de Nick Abadzis, logra un equilibrio complejo. No se limita a imitar la voz del Doctor televisivo, sino que profundiza en su psicología. El Doctor de este volumen es un ser que carga con el peso de la Guerra del Tiempo, pero que mantiene una necesidad vital de asombro. La relación que establece con Gabby es el núcleo emocional de la obra. A diferencia de otros acompañantes, Gabby aporta una perspectiva visual y creativa; su sensibilidad como artista influye en la manera en que se perciben las amenazas alienígenas, permitiendo que el cómic juegue con metáforas visuales sobre la creatividad frente al estancamiento.

En el apartado visual, el trabajo de Elena Casagrande es fundamental. La artista consigue capturar el parecido físico del actor sin caer en el estatismo de la referencia fotográfica. El dinamismo de sus composiciones permite que las escenas de acción fluyan con un ritmo cinematográfico, mientras que su diseño de las criaturas —los "Cosechadores"— resulta genuinamente inquietante. El uso del color refuerza esta dualidad: los tonos cálidos y terrosos de la vida diaria de Gabby en Brooklyn contrastan violentamente con los azules eléctricos y púrpuras neón que emanan de la TARDIS y de las anomalías temporales.

El arco argumental de este primer volumen no solo se ocupa de la amenaza inmediata en Nueva York. Establece las bases de una mitología propia dentro del canon de los cómics. Se introducen conceptos sobre la "ecología del pensamiento" y cómo ciertas entidades alienígenas no buscan conquistar planetas por recursos físicos, sino por la energía emocional de sus habitantes. Esta aproximación permite que el cómic explore temas más abstractos que los que a veces permite el presupuesto de efectos especiales de la televisión.

Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, el clímax de este volumen sirve para consolidar la dinámica entre el Señor del Tiempo y su nueva compañera. La transición de Gabby de una espectadora aterrorizada a una participante activa en la defensa de su realidad está narrada con una progresión orgánica.

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