El universo de *Doctor Who* en el noveno arte no es simplemente un subproducto de la longeva serie de televisión británica, sino una entidad narrativa con peso propio que ha expandido la mitología del Señor del Tiempo durante más de seis décadas. Bajo el epígrafe de «Varios», se agrupa un vasto catálogo que abarca desde las tiras cómicas clásicas de los años 60 hasta las sofisticadas novelas gráficas contemporáneas, pasando por etapas fundamentales en editoriales como Marvel UK, IDW Publishing y, más recientemente, Titan Comics.
La trayectoria de estas publicaciones comenzó casi en paralelo al estreno de la serie en 1963, debutando en cabeceras como *TV Comic*. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión para el medio ocurrió con el nacimiento de *Doctor Who Magazine* (originalmente *Doctor Who Weekly*) bajo el sello de Marvel UK en 1979. Fue en estas páginas donde el cómic de *Doctor Who* encontró su voz madura. Artistas y guionistas de la talla de Dave Gibbons, Pat Mills y John Wagner elevaron el estándar, tratando al Doctor no como un personaje infantil, sino como un aventurero cósmico envuelto en tramas de ciencia ficción dura y sátira social. Esta etapa es célebre por haber mantenido viva la llama de la franquicia durante los «años del desierto» (1989-2005), cuando la serie fue cancelada en televisión.
Narrativamente, el cómic ofrece una libertad que el presupuesto televisivo de la BBC a menudo no podía permitirse. En las viñetas, el Doctor visita arquitecturas imposibles, galaxias en colapso y campos de batalla de proporciones épicas que desafían las limitaciones de los efectos especiales tradicionales. Las historias recopiladas en los volúmenes de «Varios» permiten observar la evolución del personaje a través de sus diferentes encarnaciones. Cada regeneración trae consigo un cambio de tono: mientras que las aventuras del Cuarto Doctor suelen tener un tinte gótico y surrealista, las del Décimo o el Undécimo Doctor se inclinan hacia una narrativa más dinámica, cinematográfica y emocionalmente compleja.
Un aspecto distintivo de estas obras es la creación de acompañantes exclusivos del cómic. Personajes como Frobisher (un cambiaformas que prefiere la apariencia de un pingüino) o Izzy Sinclair han aportado una frescura que complementa a los compañeros vistos en pantalla. Estos relatos no se limitan a adaptar episodios existentes, sino que funcionan como «episodios perdidos» o arcos argumentales de larga duración que profundizan en la psicología del protagonista y en las consecuencias de sus viajes temporales.
Con la llegada de Titan Comics a la licencia, la oferta se diversificó aún más, lanzando series regulares dedicadas simultáneamente a distintos Doctores. Esto permitió eventos de escala masiva, conocidos como *crossovers*, donde múltiples encarnaciones del Señor del Tiempo deben colaborar para enfrentar amenazas que ponen en peligro la estructura misma de la realidad. Estas historias son fundamentales para entender la cohesión del «Whoniverse», ya que a menudo exploran periodos temporales apenas mencionados en la televisión, como los eventos de la Gran Guerra del Tiempo.
Visualmente, el cómic de *Doctor Who* es un festín de estilos. Desde el blanco y negro meticuloso y sombrío de las primeras tiras de *Doctor Who Magazine*, que recordaban al expresionismo alemán, hasta el uso vibrante del color digital en las etapas modernas que buscan capturar la efervescencia de la era moderna de la serie. Los artistas han logrado el difícil equilibrio de capturar el parecido físico de los actores (como Tom Baker, David Tennant o Jodie Whittaker) sin sacrificar la expresividad y el dinamismo propios del lenguaje secuencial.
En conclusión, la categoría de cómics de *Doctor Who – Varios* representa una cronología alternativa y complementaria esencial. Es un registro histórico de cómo la percepción del héroe ha cambiado con las décadas, consolidándose como un espacio de experimentación donde la única regla es que el interior de la TARDIS siempre es más grande que el exterior, y las posibilidades de la página en blanco son tan infinitas como el tiempo mismo. Para el lector, estas páginas son la puerta de entrada a dimensiones que la cámara nunca llegó a filmar.