La etapa de Titan Comics dedicada a la undécima encarnación del Señor del Tiempo alcanza su punto álgido y conclusivo en "Doctor Who: El Undécimo Doctor – Año 3". Esta serie, escrita por el dúo dinámico de Rob Williams y Simon Spurrier, se aleja de la estructura episódica convencional para ofrecer una narrativa densa, compleja y profundamente ligada a la mitología de la serie moderna, específicamente a las cicatrices dejadas por la Guerra del Tiempo.
La premisa de este tercer año sitúa al Doctor en una posición de vulnerabilidad inédita. La historia arranca con una acusación devastadora: el Doctor es señalado como responsable de un genocidio atroz cometido durante la Guerra del Tiempo, un crimen que él no recuerda haber perpetrado. A diferencia de otros arcos donde el enemigo es una fuerza externa como los Daleks o los Cybermen, aquí el antagonista es el pasado del propio protagonista y un sistema judicial cósmico que parece infalible. El Doctor se convierte en un fugitivo de la justicia galáctica, lo que transforma la dinámica habitual de exploración en una carrera desesperada por la redención y la verdad.
El peso emocional de la trama recae en gran medida sobre Alice Obiefune, la acompañante creada específicamente para esta línea de cómics. Alice ha evolucionado a lo largo de los tres años de una bibliotecaria afligida a una viajera experimentada capaz de cuestionar la moralidad del Doctor. En el Año 3, su papel es fundamental, ya que actúa no solo como la brújula moral del Doctor, sino también como su investigadora principal. Junto a ella, el elenco se enriquece con personajes como el "Retoño" (The Sapling), una entidad biológica con la capacidad de absorber recuerdos y personalidades, cuya evolución a lo largo de los números sirve como espejo de las propias luchas internas del Doctor.
Narrativamente, Williams y Spurrier utilizan una estructura de misterio no lineal. La trama se construye sobre el concepto de "memoria sapiente" y la manipulación de la línea temporal. Los autores exploran la idea de que el tiempo no es solo algo que se recorre, sino algo que puede ser editado, borrado o falsificado. Esta premisa permite que el cómic profundice en aspectos de la psicología del Undécimo Doctor que la serie de televisión apenas esbozó: su miedo al olvido, su tendencia al secretismo y la carga de ser el "superviviente" de una guerra que borró a su propia especie.
En el apartado visual, el Año 3 destaca por el trabajo de I.N.J. Culbard, cuyo estilo minimalista y de líneas claras aporta una atmósfera distintiva. A diferencia del realismo detallado de otros cómics de franquicias, el arte de Culbard se centra en la expresividad y en la composición de página para transmitir la escala cósmica y, a menudo, surrealista de la historia. El uso del color es narrativo, diferenciando las épocas y los estados mentales de los personajes, lo cual es vital en una historia donde la percepción de la realidad es constantemente puesta a prueba.
El arco argumental no se limita a resolver el misterio del crimen del Doctor, sino que funciona como una deconstrucción del héroe. Se plantean preguntas incómodas sobre las consecuencias de las acciones del Doctor en el universo y si su naturaleza benevolente es una elección genuina o una máscara para ocultar traumas antiguos. La serie logra capturar perfectamente la voz de Matt Smith —su energía maníaca, sus cambios bruscos de humor y su melancolía subyacente—, pero la sitúa en un contexto mucho más oscuro y filosófico de lo que permitían los presupuestos televisivos.
En conclusión, "Doctor Who: El Undécimo Doctor – Año 3" es una obra ambiciosa que cierra los hilos argumentales sembrados desde el primer número de Titan Comics. Es una lectura esencial para quienes buscan una historia de ciencia ficción dura que respete el canon de la serie pero que se atreva a expandirlo hacia terrenos más experimentales. Sin recurrir a trucos fáciles, el cómic ofrece una resolución satisfactoria que redefine la relación del Undécimo Doctor con su propio legado, consolidando a Alice Obiefune como una de las mejores acompañantes que nunca aparecieron en pantalla. Es, en esencia, un estudio sobre la culpa, la identidad y la persistencia de la esperanza frente a un pasado ineludible.