La etapa del Noveno Doctor en la televisión fue, para muchos, demasiado breve. Con solo trece episodios, la encarnación interpretada por Christopher Eccleston sentó las bases del éxito de la era moderna de *Doctor Who*. Sin embargo, el formato del cómic, bajo el sello de Titan Comics y con el guion principal de Cavan Scott, ha permitido expandir este periodo crucial, ofreciendo a los lectores una visión más profunda y detallada de un Doctor que todavía lidiaba con las cicatrices frescas de la Gran Guerra del Tiempo.
El cómic de *Doctor Who – El Noveno Doctor* se sitúa cronológicamente en un punto dulce de la serie: el periodo en el que el Doctor viaja acompañado por Rose Tyler y el Capitán Jack Harkness. Esta dinámica de trío, que en televisión solo disfrutamos durante unos pocos capítulos, es el eje central de las viñetas. La narrativa aprovecha la química entre estos tres personajes para explorar historias que mantienen el equilibrio perfecto entre la aventura espacial clásica, el horror de ciencia ficción y el desarrollo emocional de sus protagonistas.
Desde el punto de vista argumental, la serie de cómics no se limita a ser un conjunto de episodios aislados. Se presenta como una temporada adicional que rellena los huecos entre las aventuras televisivas. El punto de partida suele situarse tras los eventos de "El Doctor baila", encontrando a un equipo de la TARDIS ya consolidado. El Doctor de estas páginas es fiel al de Eccleston: un hombre de acción, directo, a veces brusco, pero con una vulnerabilidad latente que solo Rose es capaz de mitigar. Por su parte, Jack Harkness aporta el contrapunto pícaro y militarista, mientras que Rose actúa como la brújula moral y el nexo con la humanidad.
Uno de los mayores aciertos de esta colección es cómo aborda las consecuencias de la Guerra del Tiempo. Mientras que en la serie de 2005 este conflicto era un misterio susurrado, el cómic se atreve a mostrar las reliquias y las sombras de esa guerra de forma más tangible. Los arcos argumentales, como el aclamado "Armas de destrucción pasada", llevan a los protagonistas a enfrentarse a tecnologías prohibidas y razas alienígenas que intentan aprovechar el vacío de poder dejado por los Señores del Tiempo y los Daleks. Esto permite al lector entender mejor el peso que el Noveno Doctor lleva sobre sus hombros y por qué su necesidad de salvar a "todo el mundo" es tan imperativa.
Visualmente, el cómic logra capturar la esencia de la producción de 2005 sin quedar anclado en las limitaciones presupuestarias de la época. Artistas como Blair Shedd o Adriana Melo consiguen un parecido asombroso con los actores originales, pero lo más importante es que logran transmitir su lenguaje corporal. El Doctor se mueve con esa energía nerviosa característica, Rose mantiene su expresividad juvenil y Jack irradia confianza. Los escenarios, por otro lado, son vastos y detallados, aprovechando la libertad del dibujo para presentar planetas exóticos, estaciones espaciales imposibles y criaturas que habrían sido inalcanzables para los efectos especiales de hace casi dos décadas.
La estructura de los guiones de Cavan Scott respeta el ritmo de la serie moderna: diálogos rápidos, giros inesperados y un sentido del humor muy británico que camufla momentos de gran intensidad dramática. El cómic también se permite recuperar elementos de la mitología clásica de la serie, conectando la era de Eccleston con el pasado de la franquicia de una manera orgánica que enriquece el canon sin contradecirlo.
En resumen, *Doctor Who – El Noveno Doctor* es una pieza esencial para comprender la evolución del personaje. No es solo un producto derivado para coleccionistas, sino una expansión necesaria que otorga a la novena encarnación el espacio que merecía para respirar y crecer. A través de sus páginas, el lector redescubre por qué este Doctor, a pesar de su corta estancia, fue el encargado de reavivar la llama de una leyenda galáctica, recordándonos que, incluso en la oscuridad de la posguerra, siempre hay lugar para ser "fantástico".