Divinity II, publicada por Valiant Entertainment, es la continuación directa de la aclamada miniserie de ciencia ficción creada por el guionista Matt Kindt y el dibujante Trevor Hairsine. Esta obra expande el rincón cósmico del Universo Valiant, profundizando en las consecuencias de un programa espacial soviético secreto que, durante el apogeo de la Guerra Fría, envió a tres cosmonautas hacia los confines más remotos del universo conocido. Si la primera entrega se centraba en la figura de Abram Adams y su transformación en una entidad omnipotente, esta secuela desplaza el foco hacia su compañera de misión: Valentina Reshetnikova.
La premisa de Divinity II arranca con una mirada retrospectiva a la formación de estos cosmonautas. A diferencia de Abram, quien siempre albergó dudas y una conexión emocional con su pasado en la Tierra, Valentina se presenta como el ideal máximo del patriotismo soviético. Es una mujer forjada en la disciplina, la lealtad absoluta al Partido y la creencia inquebrantable en el destino de la Unión Soviética como líder del orden mundial. Esta base ideológica es fundamental para entender el conflicto central de la obra, ya que define cómo reacciona un individuo al adquirir el poder de un dios cuando su brújula moral está ligada a una nación que, para el resto del mundo, ya ha dejado de existir.
Tras pasar décadas en "Lo Desconocido" (The Unknown), una región del espacio donde las leyes de la física se desdibujan, Valentina regresa a la Tierra. Sin embargo, el planeta que encuentra no es el que dejó atrás. La Unión Soviética ha colapsado, el muro de Berlín ha caído y el capitalismo global domina el panorama geopolítico. Para una mujer que fue enviada al espacio como la vanguardia de una utopía comunista, este nuevo mundo no es un progreso, sino un fracaso histórico que debe ser corregido.
A diferencia de Abram Adams, quien al regresar adoptó una postura de desapego casi budista, observando la humanidad desde una distancia metafísica, Valentina decide intervenir. Su regreso no es el de una observadora, sino el de una restauradora. Con la capacidad de manipular la realidad, el tiempo y la materia a niveles subatómicos, Valentina se propone devolver a Rusia su antigua gloria, utilizando sus poderes para alterar el equilibrio de poder global de manera unilateral. Esto genera una tensión inmediata no solo con las potencias occidentales, sino con el propio Abram, estableciendo un duelo de voluntades entre dos seres que poseen capacidades divinas pero motivaciones diametralmente opuestas.
El guion de Matt Kindt destaca por su capacidad para equilibrar la escala épica de los poderes cósmicos con un estudio de personaje íntimo y psicológico. La narrativa utiliza saltos temporales para contrastar la infancia y el entrenamiento de Valentina con sus acciones en el presente, permitiendo al lector comprender su rigidez ideológica sin necesidad de recurrir a tropos de villanía simplista. Valentina no se ve a sí misma como una antagonista, sino como la única persona con la voluntad necesaria para salvar un ideal que el tiempo intentó borrar.
En el apartado visual, Trevor Hairsine, junto al entintador Ryan Winn y el colorista David Baron, mantiene la estética sucia, detallada y visceral que definió la primera parte. El diseño de las manifestaciones de los poderes de Valentina es visualmente impactante, logrando transmitir la extrañeza de "Lo Desconocido" y cómo esa energía alienígena se manifiesta en nuestro mundo. Las composiciones de página refuerzan la sensación de escala; Hairsine es capaz de pasar de un primer plano cargado de emoción contenida a una splash-page que muestra la alteración de la geografía mundial con una facilidad asombrosa.
Divinity II no es solo una historia de superpoderes; es una reflexión sobre la nostalgia política, el peso de la lealtad y la responsabilidad que conlleva el poder absoluto. Al introducir a Valentina, la obra cuestiona si es posible mantener la humanidad cuando se tiene el control sobre la existencia misma, y si los ideales de un individuo pueden o deben imponerse sobre la realidad de miles de millones. Es una pieza esencial de la ciencia ficción contemporánea en el cómic, que funciona tanto como un thriller geopolítico como una epopeya metafísica sobre el fin de las ideologías.