*Dicks*, la creación de los norirlandeses Garth Ennis y John McCrea, representa uno de los ejercicios más puros, desvergonzados y crudos de humor negro en la historia del cómic contemporáneo. Publicada originalmente a finales de los años 90 y continuada en diversas miniseries bajo el sello de Avatar Press, esta obra se aleja de cualquier pretensión de heroísmo o sofisticación para sumergirse en las desventuras de dos de los personajes más deplorables y, a su manera, fascinantes del medio: Dougie e Ivor.
La trama se sitúa en una versión gris, sucia y cínica de Belfast, Irlanda del Norte. Los protagonistas son dos jóvenes de clase obrera que, carentes de cualquier tipo de ambición legítima, inteligencia o brújula moral, deciden establecerse como investigadores privados. El título de la obra juega con el doble sentido de la palabra en inglés: por un lado, el término coloquial para referirse a los detectives y, por otro, un insulto directo que define perfectamente la personalidad de este dúo. Dougie e Ivor no son héroes, ni siquiera son antihéroes con un corazón de oro; son, simplemente, dos idiotas con una capacidad asombrosa para empeorar cualquier situación.
A diferencia de otras obras de Ennis donde la violencia y el humor negro sirven para subrayar una crítica social o un dilema teológico, en *Dicks* el objetivo es la transgresión absoluta. La narrativa se estructura a través de una serie de casos y situaciones absurdas que llevan a los protagonistas a enfrentarse a gánsteres locales, figuras de autoridad corruptas y situaciones domésticas que escalan rápidamente hacia el caos. El motor de la historia no es la resolución de un misterio, sino la observación de cómo la incompetencia y la vulgaridad de Dougie e Ivor chocan contra un mundo que es casi tan desagradable como ellos.
El guion de Ennis es implacable. Utiliza un lenguaje extremadamente soez y un humor escatológico que busca constantemente poner a prueba la sensibilidad del lector. Sin embargo, detrás de la superficie de chistes de mal gusto, subyace una sátira feroz a la cultura de los "lads" (muchachos) y a la propia idiosincrasia del Belfast post-conflicto. Los diálogos son rápidos, cargados de un dialecto local muy marcado que McCrea y Ennis logran transmitir con una cadencia casi musical, a pesar de la crudeza de lo que se dice.
El apartado visual de John McCrea es el complemento perfecto para la escritura de Ennis. McCrea, quien ya había colaborado con el guionista en la aclamada *Hitman*, abandona aquí cualquier intento de realismo académico para adoptar un estilo caricaturesco, dinámico y deliberadamente feo. Sus personajes tienen rostros deformados por la estupidez o la ira, y los escenarios están repletos de detalles que enfatizan la decadencia urbana. El dibujo no busca la belleza, sino la expresividad y el impacto cómico, logrando que la violencia física —que es frecuente y explícita— se perciba más como un gag de *slapstick* sangriento que como algo dramático.
*Dicks* es también un testimonio de la química creativa entre sus autores. Se nota que es una obra hecha por amigos que comparten un sentido del humor específico y una visión desencantada de su entorno natal. A lo largo de sus diferentes volúmenes, como *Dicks Too* o *World War Dicks*, la serie mantiene su identidad intacta: una celebración de lo políticamente incorrecto y una parodia mordaz de los tropos del género detectivesco.
En resumen, este cómic es una pieza esencial para entender la faceta más libre y menos filtrada de Garth Ennis. No es una lectura para todos los públicos, ni pretende serlo. Es una obra que se regocija en su propia falta de madurez, ofreciendo un retrato hiperbólico de la estupidez humana. Para el lector que busque una experiencia sin concesiones, donde el ingenio se mezcla con lo grotesco, *Dicks* se erige como un monumento a la irreverencia absoluta en el noveno arte. Es, en última instancia, la crónica de dos hombres que intentan ser algo que no son, fallando estrepitosamente en el proceso y dejando un rastro de destrucción y risas incómodas a su paso.