*Delta 99* representa uno de los hitos más significativos de la ciencia ficción en el cómic español, consolidándose como una obra de culto desde su aparición a finales de la década de 1960. Creada originalmente por el guionista Flores Thies y el dibujante Carlos Giménez para la agencia Selecciones Ilustradas de Josep Toutain, la serie nació con una clara vocación internacional, logrando un éxito notable en mercados como el francés y el alemán antes de asentarse en el imaginario colectivo de los lectores hispanos.
La trama se centra en la figura de Delta 99, un agente de élite proveniente del planeta Delta, un mundo avanzado que observa con preocupación el desarrollo de la civilización terrestre. El protagonista es enviado a la Tierra con una misión fundamental: actuar como protector y vigilante ante amenazas que superan la comprensión y la capacidad tecnológica de la humanidad. Delta 99 no es un héroe convencional; posee facultades físicas y mentales potenciadas, además de un arsenal tecnológico sofisticado, pero su principal característica es su distanciamiento emocional, una suerte de objetividad analítica que le permite juzgar los conflictos humanos desde una perspectiva exterior.
El trasfondo de la obra está profundamente influenciado por el contexto histórico de su creación. En plena Guerra Fría, las aventuras de Delta 99 reflejan las tensiones geopolíticas, el miedo a la aniquilación nuclear y la fascinación por la carrera espacial. El protagonista se ve envuelto en tramas de espionaje internacional, enfrentamientos con organizaciones criminales de alcance global y, ocasionalmente, incursiones de fuerzas extraterrestres hostiles. Acompañando a Delta en sus misiones se encuentra Lu, una joven de origen chino que sirve como contrapunto humano y emocional. La relación entre ambos es uno de los pilares narrativos, ya que Lu no solo asiste al héroe en la acción, sino que actúa como su guía moral en un mundo que a menudo resulta incomprensible para el alienígena.
Desde el punto de vista artístico, *Delta 99* es fundamental para entender la evolución de Carlos Giménez. Antes de volcarse en su faceta más autobiográfica y social, Giménez demostró aquí una capacidad asombrosa para la narrativa de género. Su dibujo se caracteriza por un uso magistral del claroscuro, con contrastes marcados que acentúan la atmósfera de misterio y sofisticación técnica. La composición de las viñetas es dinámica y cinematográfica, rompiendo en ocasiones la rigidez de la página tradicional para enfatizar la espectacularidad de las escenas de acción o la inmensidad del espacio. El diseño de la tecnología, desde las naves hasta los dispositivos de comunicación, posee una estética retro-futurista que combina la elegancia de los años 60 con una visión imaginativa del mañana.
A medida que la serie avanzó, otros autores tomaron el relevo, destacando especialmente la labor de Adolfo Buylla en el dibujo y de guionistas como Víctor Mora o Roger Lécureux. Aunque el estilo visual sufrió variaciones lógicas con el cambio de manos, la esencia del personaje se mantuvo firme: un observador imparcial atrapado en