La encarnación de *Death Dealer* publicada bajo el sello Verotik representa uno de los hitos más crudos y viscerales de la fantasía oscura en el noveno arte. Esta versión, surgida a mediados de los años 90, no solo busca rendir homenaje a la icónica pintura de 1973 de Frank Frazetta, sino que expande su mitología dotándola de una narrativa sangrienta, nihilista y profundamente atmosférica, bajo la dirección editorial y creativa de Glenn Danzig.
La trama se sitúa en una era primordial y salvaje, un mundo de sombras y acero donde la civilización es apenas un susurro frente a la brutalidad de la naturaleza y los dioses antiguos. El protagonista de esta odisea es Gath de Baal, un guerrero de una tribu de los bosques que, tras verse envuelto en conflictos que superan la comprensión humana, entra en posesión de un artefacto maldito: el gran casco cornudo. Este objeto no es una simple pieza de armadura, sino una entidad sensible y demoníaca que otorga a su portador una fuerza sobrehumana y una invulnerabilidad aterradora, a cambio de una sed de sangre insaciable que consume la humanidad del huésped.
A diferencia de otras interpretaciones del personaje, el *Death Dealer* de Verotik se aleja del heroísmo convencional de la espada y brujería para adentrarse en el horror fantástico. Gath de Baal no es un salvador; es una fuerza de la naturaleza, un avatar de la destrucción que recorre campos de batalla sembrados de cadáveres montado sobre su imponente semental negro de ojos de fuego. La narrativa se centra en la lucha interna de Gath por mantener un rastro de su identidad mientras el casco lo empuja hacia una espiral de violencia absoluta. El conflicto central no solo reside en las guerras entre reinos bárbaros y fuerzas místicas, sino en la naturaleza misma de la maldición que lo convierte en el "Distribuidor de la Muerte".
El guion, a menudo acreditado o supervisado por Danzig, se apoya en una estructura episódica que enfatiza la atmósfera sobre la exposición excesiva. Se nos presenta un mundo donde la magia es oscura y costosa, y donde la supervivencia es el único objetivo legítimo. La presencia del Death Dealer en el campo de batalla es tratada con un pavor casi religioso por amigos y enemigos por igual, estableciendo al personaje como una figura mítica que trasciende las lealtades políticas de las tribus en conflicto.
Visualmente, el cómic es una pieza fundamental para entender la estética de Verotik. Con el arte de creadores como Liam Sharp y las portadas de Simon Bisley, la obra logra capturar la esencia muscular y sombría de Frazetta, pero la lleva un paso más allá hacia lo grotesco y lo explícito. El dibujo de Sharp es detallado y denso, capaz de transmitir la pesadez del metal, la textura de la carne desgarrada y la desolación de los paisajes primigenios. Cada viñeta está cargada de una energía cinética que hace justicia a la ferocidad del personaje, utilizando sombras profundas y composiciones dinámicas para resaltar la figura imponente del guerrero del casco.
El tono de la obra es implacable. No hay concesiones para el lector que busca una moraleja clara o un final reconfortante. El *Death Dealer* de Verotik explora temas como la inevitabilidad del destino, la corrupción del poder y la deshumanización que conlleva la guerra eterna. Es una exploración de la figura del antihéroe llevada al extremo, donde el protagonista es tanto la víctima como el verdugo de su propia historia.
En resumen, este cómic es una pieza esencial para los entusiastas de la fantasía adulta. Logra transformar una imagen estática y legendaria en un mundo vibrante y aterrador, manteniendo la pureza visual del concepto original de Frazetta mientras le inyecta la sensibilidad oscura y transgresora característica del sello Verotik. Es una obra que define una época del cómic independiente, centrada en la potencia visual y en una mitología de hierro y sangre.