De Luces y Agonías, obra escrita por Damián e ilustrada por Alex Fuentes, se erige como una de las propuestas más singulares y visualmente magnéticas del cómic español contemporáneo. Publicada originalmente por Dibbuks, esta novela gráfica se aleja de las estructuras narrativas convencionales para sumergir al lector en una fábula oscura, de tintes existencialistas y una atmósfera que bascula entre lo onírico y lo macabro. La obra no solo cuenta una historia, sino que construye un ecosistema propio donde la luz y la oscuridad dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en elementos físicos, tangibles y, sobre todo, finitos.
La premisa nos sitúa en un mundo crepuscular, un páramo desolado que parece haber olvidado el calor del sol. En este escenario, la luz es el recurso más valioso, una moneda de cambio y, al mismo tiempo, la única barrera entre la existencia y la aniquilación. El protagonista es un pequeño ser, a menudo identificado simplemente como el Niño, cuya fisonomía —de extremidades delgadas y ojos vastos— evoca una fragilidad conmovedora. Este personaje carga con una linterna, un objeto que no es solo una herramienta de exploración, sino un órgano vital externo. Su misión, aunque envuelta en el misterio del viaje iniciático, consiste en atravesar este territorio hostil en busca de un propósito que trasciende la mera supervivencia.
El título de la obra define con precisión su dualidad interna. Por un lado, están las Luces: fragmentos de esperanza, recuerdos o chispas de vida que el protagonista debe recolectar o proteger. Por otro, las Agonías: criaturas grotescas, manifestaciones de la desesperación y el vacío que acechan en las sombras. Estas entidades no son villanos en el sentido tradicional del género de aventuras; son fuerzas de la naturaleza de ese mundo, depredadores de luz que representan el peso del olvido y el dolor. La interacción entre el Niño y estas criaturas dicta el ritmo de la obra, generando secuencias de una tensión silenciosa y una melancolía profunda.
Narrativamente, Damián opta por una economía de palabras que cede todo el protagonismo a la narrativa visual. El guion se apoya en la simbología y en la capacidad del lector para interpretar los silencios. No hay largas exposiciones sobre el origen del mundo o las reglas de su magia; el lector descubre las leyes de este universo a través de las acciones del protagonista y las consecuencias de sus encuentros. Es una historia de peregrinaje, donde cada etapa del camino añade una capa de complejidad emocional sobre la pérdida, el sacrificio y la persistencia de la chispa individual frente a la inmensidad de la negrura.
El apartado gráfico de Alex Fuentes es, sin duda, el pilar fundamental que sostiene la identidad de *De Luces y Agonías*. Con un estilo que bebe del expresionismo y de la estética gótica de autores como Tim Burton o Edward Gorey, pero con una personalidad propia mucho más cruda, Fuentes utiliza un contraste de blancos y negros (con sutiles pero cruciales aplicaciones de color) para definir la jerarquía del poder en cada viñeta. El diseño de personajes es brillante: el Niño irradia una inocencia que contrasta con el diseño retorcido y orgánico de las Agonías. Los escenarios, por su parte, son paisajes de pesadilla que logran transmitir una escala de soledad abrumadora.
En conclusión, *De Luces y Agonías* es un cómic que funciona como un poema visual sobre la condición humana. A través de su protagonista, explora la idea