Días de drama, la obra de Bernardo Vergara, se erige como una de las crónicas satíricas más lúcidas y mordaces de la realidad sociopolítica contemporánea. Publicado bajo el sello de Diábolo Ediciones, este volumen no es una novela gráfica de estructura lineal convencional, sino una recopilación exhaustiva y curada de las viñetas y páginas que el autor ha ido desgranando en medios como *elDiario.es*. Como experto en el noveno arte, es necesario abordar esta obra no solo como un libro de humor, sino como un artefacto antropológico que captura el "ruido" de una época marcada por la sobreinformación y el conflicto permanente.
El núcleo temático de Días de drama reside en su propio título. Vergara utiliza el concepto de "drama" no en un sentido trágico clásico, sino como una referencia directa a la hipérbole constante en la que vive sumida la sociedad actual. El autor disecciona con precisión quirúrgica la crispación política, el auge de los extremismos, la precariedad económica y, sobre todo, la fatiga mental del ciudadano medio ante un ciclo de noticias de veinticuatro horas que exige una indignación constante. A través de sus páginas, el lector se encuentra con un espejo deformante que, paradójicamente, ofrece una imagen mucho más fiel de la realidad que los propios informativos.
Desde el punto de vista formal, Bernardo Vergara demuestra por qué es uno de los herederos más directos de la gran tradición de la escuela Bruguera, pero pasada por el tamiz de la crítica social moderna. Su dibujo es limpio, de línea clara y extremadamente expresivo. La capacidad de Vergara para la caricatura es excepcional: no se limita a retratar los rasgos físicos de los protagonistas de la actualidad, sino que logra capturar su esencia psicológica, sus tics retóricos y sus contradicciones más profundas. El diseño de página suele ser ágil, permitiendo que el ritmo del gag visual y el mordiente del diálogo fluyan sin obstáculos, llevando al lector desde la sonrisa cómplice hasta la carcajada amarga.
Uno de los pilares de la obra es el tratamiento del lenguaje. Vergara es un maestro en el uso de la ironía y el absurdo. Sus personajes a menudo se ven envueltos en diálogos circulares que exponen la vacuidad de ciertos discursos públicos. El cómic pone el foco en cómo las palabras son vaciadas de contenido en el debate político y cómo el ciudadano, a menudo representado como una figura perpleja o directamente desbordada, intenta navegar en un mar de posverdad y consignas de manual. No hay personajes heroicos en Días de drama; lo que hay es una humanidad compartida que lidia con la perplejidad de vivir en tiempos interesantes, en el sentido más maldito de la expresión.
La estructura del libro permite una lectura fragmentada, pero su verdadero valor surge cuando se consume de forma integral. Al avanzar por sus páginas, se percibe una evolución en el clima social que Vergara documenta. El autor no se queda en la superficie del chiste del día; busca las corrientes de fondo que explican por qué la sociedad reacciona como lo hace. Temas como la vivienda, la sanidad pública, el cambio climático y la digitalización de la vida privada aparecen entrelazados con la actualidad política más inmediata, creando un mosaico complejo de la España actual.
En conclusión, Días de drama es una obra esencial para entender el papel del humor gráfico como contrapoder. Bernardo Vergara no solo busca hacer reír, sino que utiliza el cómic como una herramienta de resistencia intelectual frente al caos informativo. Es un testimonio gráfico de nuestra neurosis colectiva, servido con un dibujo impecable y una inteligencia narrativa que confirma a su autor como una de las voces más necesarias y afiladas del panorama del cómic español actual. Sin necesidad de artificios ni florituras, el cómic se sostiene por la fuerza de su observación y la honestidad de su crítica.