Publicada originalmente en 1995 bajo el sello de la mítica Ediciones Record, *Dark Ness* representa una de las colaboraciones más singulares y atmosféricas dentro de la historieta argentina de finales del siglo XX. Escrita por la prolífica dupla compuesta por Eduardo Mazzitelli y Walter Slavich, y dibujada con una maestría sombría por Alberto Caliva, la obra se inscribe en la tradición de la fantasía oscura y el horror metafísico que caracterizó a la revista *Skorpio* en su etapa de madurez.
La trama nos sitúa en un mundo agónico, un escenario donde la luz solar parece haberse retirado para dar paso a una penumbra perpetua y opresiva. En este contexto, la oscuridad no es simplemente un fenómeno físico o la ausencia de claridad, sino una fuerza elemental, casi biológica, que moldea la realidad, corrompe la carne y devora la voluntad de los hombres. El protagonista, Ness, es un individuo marcado por este entorno, un viajero que transita los límites de lo humano en un paisaje poblado por criaturas grotescas, deidades olvidadas y civilizaciones en ruinas que intentan, desesperadamente, encontrar un sentido a su existencia entre las sombras.
Desde el punto de vista narrativo, Mazzitelli y Slavich despliegan su estilo característico: una prosa cargada de lirismo, reflexiones existencialistas y diálogos que bordean lo poético sin perder la contundencia del género de aventuras. La estructura de la obra, aunque episódica en su origen para adaptarse al formato de revista, construye un arco argumental sólido donde el viaje de Ness funciona como una exploración de la condición humana. Los guionistas evitan los tropos del héroe convencional; Ness es un personaje complejo, movido por una necesidad de redención o quizás de simple supervivencia en un cosmos que se muestra indiferente, cuando no activamente hostil, hacia la vida.
El apartado visual de Alberto Caliva es, sin lugar a dudas, el pilar que termina de definir la identidad de *Dark Ness*. Caliva utiliza un blanco y negro de contrastes violentos, donde el claroscuro no solo sirve para ambientar, sino para narrar. Su dibujo es detallado, sucio y visceral, capaz de plasmar arquitecturas imposibles y anatomías distorsionadas que evocan una sensación de pesadilla constante. La influencia del grabado y de maestros del sombreado denso es evidente, logrando que cada página respire una atmósfera de claustrofobia y decadencia. La oscuridad en el dibujo de Caliva tiene peso; parece ocupar un espacio físico en la viñeta, obligando al lector a buscar los focos de luz junto con el protagonista.
La obra también destaca por su capacidad para fusionar géneros. Si bien la base es la fantasía oscura, hay elementos de horror gótico, ciencia ficción post-apocalíptica y un fuerte componente de tragedia griega. Los antagonistas y aliados que Ness encuentra en su camino no son meros obstáculos, sino representaciones de diferentes vicios, miedos o esperanzas residuales de un mundo que se niega a morir del todo. La interacción entre el guion reflexivo y el arte abigarrado crea una sinergia que eleva a *Dark Ness* por encima de la media de las publicaciones de su época.
En resumen, *Dark Ness* es un exponente fundamental de la historieta de autor producida en Argentina para el mercado internacional (especialmente el italiano, donde estos autores gozaron de gran prestigio). Es una obra que exige una lectura atenta, no solo por la densidad de su propuesta visual, sino por la profundidad de los temas que aborda: la identidad, la pérdida de la memoria colectiva y la lucha eterna contra una entropía que todo lo consume. Para el lector interesado en el cómic adulto de los años 90, este título es una pieza de culto que encapsula el fin de una era editorial y el refinamiento de un lenguaje narrativo único.