Daisy Murray

Daisy Murray, la obra escrita y dibujada por el autor Fidelis (Fidelis de la Fuente) y publicada por Grafito Editorial, se erige como una pieza fundamental del cómic histórico contemporáneo en España. La narrativa nos traslada al Londres de finales del siglo XIX, específicamente a 1888, un periodo marcado por la efervescencia de la Revolución Industrial, pero también por las sombras de una desigualdad social extrema que condenaba a las clases trabajadoras a una existencia de privaciones y peligros constantes.

La protagonista que da nombre a la obra, Daisy Murray, es una joven que personifica la lucha por la supervivencia en los barrios más depauperados del East End londinense. Su vida transcurre entre la neblina perpetua de la ciudad y las paredes de una fábrica de cerillas, un entorno laboral que, lejos de ser un refugio económico, representa una amenaza directa para su salud y su integridad. El cómic se centra en la realidad de las llamadas "matchgirls" (cerilleras), mujeres y niñas que trabajaban jornadas extenuantes manipulando fósforo blanco, una sustancia altamente tóxica que provocaba la temida necrosis fosfórica de la mandíbula, una enfermedad deformante y mortal.

Desde una perspectiva técnica y narrativa, Fidelis opta por un enfoque crudo y realista. La sinopsis nos sitúa en el epicentro de un conflicto sociolaboral inminente. Daisy no es una heroína de acción en el sentido clásico del cómic, sino una mujer cuya valentía reside en la resistencia cotidiana y en la toma de conciencia sobre su propia condición. A través de sus ojos, el lector experimenta la opresión de un sistema que valora más la producción que la vida humana, y la creciente tensión que precede a uno de los hitos más importantes del sindicalismo femenino: la huelga de las cerilleras de Bryant & May.

El guion evita caer en el melodrama fácil, centrándose en la construcción de una atmósfera opresiva pero profundamente humana. La trama explora los vínculos de solidaridad entre las trabajadoras, la precariedad de los hogares victorianos y la brecha insalvable entre la opulencia de la burguesía y la miseria del proletariado. Daisy Murray actúa como el hilo conductor de una historia coral donde la dignidad se convierte en el principal motor de cambio. La narrativa avanza con un ritmo pausado pero firme, permitiendo que el lector comprenda las motivaciones de los personajes y el peso de las decisiones que deben tomar en un entorno donde el simple hecho de protestar puede significar el hambre absoluta.

En el apartado visual, el trabajo de Fidelis es meticuloso y evocador. El uso del dibujo refuerza la ambientación histórica con un nivel de detalle que captura la suciedad de las calles, el humo de las chimeneas y la fatiga en los rostros de los personajes. La paleta de colores y el manejo de las sombras son esenciales para transmitir la sensación de claustrofobia de la fábrica y la desesperanza de los suburbios. El diseño de página y la composición de las viñetas están al servicio de la historia, priorizando la expresividad y la claridad narrativa para sumergir al lector en la cruda realidad de la época.

"Daisy Murray" no es solo el retrato de una mujer, sino el de un colectivo que decidió alzar la voz contra la injusticia. El cómic aborda temas universales como el derecho a un trabajo digno, la igualdad de género y la fuerza de la unión frente a la explotación. Sin recurrir a artificios innecesarios, la obra se consolida como un documento gráfico de gran valor pedagógico y emocional, que rescata del olvido una parte esencial de la historia social europea. Es una lectura imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una reflexión profunda sobre la condición humana y los cimientos de los derechos que hoy consideramos fundamentales. La obra logra equilibrar el rigor histórico con una narrativa de ficción sólida, convirtiendo la vida de Daisy en un testimonio vibrante de una lucha que, aunque situada en el pasado, resuena con fuerza en los debates sociales del presente.

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