Cuco, El

En el vasto y a menudo sorprendente panorama del cómic contemporáneo español, la figura de Álvaro Ortiz se erige como una de las más inquietantes y dotadas de una voz propia inconfundible. Con la publicación de *El Cuco*, Ortiz no solo reafirma su maestría narrativa, sino que se sumerge de lleno en las aguas pantanosas del *folk-horror* y el suspense psicológico, entregando una obra que es, a partes iguales, un ejercicio de atmósfera asfixiante y un estudio sobre la herencia del trauma.

La historia nos presenta a Cuco, un hombre que, tras años de distanciamiento voluntario y silencio, se ve obligado a regresar a su pueblo natal en la España rural. El detonante es un suceso común pero cargado de simbolismo: la muerte de su abuela y la consiguiente gestión de una herencia que nadie parece querer tocar. Sin embargo, lo que comienza como un trámite burocrático y un viaje de despedida, pronto se transforma en un descenso a los infiernos de la memoria colectiva y personal.

Desde las primeras páginas, Ortiz establece un tono de extrañeza que impregna cada viñeta. El pueblo al que regresa el protagonista no es el refugio idílico de la infancia, sino un entorno estancado, donde el tiempo parece haberse detenido bajo una capa de polvo y resentimiento. La casa familiar, eje central de la trama, se manifiesta no solo como un escenario, sino como un personaje más; un laberinto de pasillos estrechos y habitaciones cerradas que custodian secretos que la familia ha intentado enterrar durante generaciones.

El guion maneja con una precisión quirúrgica la tensión entre lo que se dice y lo que se calla. Cuco se reencuentra con rostros del pasado —vecinos, conocidos, parientes— que lo observan con una mezcla de sospecha y una familiaridad perturbadora. En este entorno, la leyenda del "Cuco" (ese asustaniños ancestral del folclore hispano) deja de ser un cuento infantil para convertirse en una presencia metafórica y, quizás, algo mucho más tangible que acecha en las sombras de la periferia del pueblo.

Lo que hace que *El Cuco* destaque por encima de otros *thrillers* rurales es la capacidad de Ortiz para diseccionar la "España vaciada" no desde la sociología, sino desde el terror gótico. El autor explora temas universales como la culpa, el peso de los pecados de los antepasados y la imposibilidad de escapar de las raíces, por mucho que uno intente podarlas. El protagonista es un hombre roto, cuya fragilidad mental se pone a prueba a medida que los límites entre la realidad y la paranoia comienzan a difuminarse. ¿Es el pueblo el que es hostil, o es la mente de Cuco la que proyecta sus propios demonios sobre el paisaje?

Visualmente, la obra es un prodigio de narrativa gráfica. Álvaro Ortiz abandona aquí los colores vibrantes o el tono aventurero de trabajos anteriores para adoptar una paleta más sobria y opresiva, que refuerza la sensación de claustrofobia. Su dibujo, de línea clara pero capaz de albergar una oscuridad abismal, juega constantemente con las sombras y los encuadres cerrados. El ritmo es pausado, permitiendo que el lector sienta el mismo desasosiego que el protagonista, construyendo un *crescendo* de incomodidad que se vuelve casi físico.

Sin revelar los giros que hacen de esta lectura una experiencia adictiva, cabe decir que *El Cuco* es una obra que exige una lectura atenta. No es solo una historia de miedo; es una reflexión sobre cómo los lugares que habitamos terminan por habitarnos a nosotros. Es una invitación a mirar debajo de las alfombras de nuestras propias casas familiares y a preguntarnos si lo que escuchamos crujir por las noches es solo la madera vieja o algo que lleva décadas esperando a que volvamos para reclamar su lugar.

En definitiva, esta novela gráfica se posiciona como una pieza imprescindible para entender el cómic de autor actual en España. Es una obra valiente, perturbadora y profundamente humana que demuestra que los monstruos más terroríficos no siempre vienen de fuera, sino que a menudo se alimentan de nuestra propia historia y de los silencios que decidimos mantener. Para cualquier amante del noveno arte que busque una historia que se quede grabada en la retina mucho después de cerrar el libro, *El Cuco* es la respuesta.

Deja un comentario