Crossroads

Publicada originalmente en 1988 por la editorial First Comics, 'Crossroads' se erige como uno de los experimentos narrativos más ambiciosos y representativos del panorama del cómic independiente estadounidense de finales de los años ochenta. Esta miniserie de cuatro números no es solo un evento de reunión, sino un ejercicio de cohesión editorial que buscaba unificar los diversos y, a menudo, divergentes universos que conformaban el catálogo de First Comics en una única narrativa épica.

La premisa de 'Crossroads' parte de una perturbación en el tejido mismo de la realidad. A diferencia de los cruces de las grandes editoriales, que suelen recurrir a amenazas cósmicas genéricas, esta obra utiliza la propia naturaleza dispar de sus personajes para justificar el encuentro. La trama se desencadena cuando una serie de anomalías dimensionales comienzan a fracturar las fronteras entre mundos. Estos "cruces" no son meros accidentes geográficos, sino brechas que arrastran a los protagonistas fuera de sus zonas de confort y los obligan a interactuar en entornos que les son completamente ajenos.

El guion, orquestado por Steven Grant, destaca por su capacidad para equilibrar las voces de personajes con tonos radicalmente distintos. El elenco es, sin duda, el mayor atractivo de la obra. Por un lado, tenemos a Nexus, el ejecutor cósmico atormentado por visiones de asesinos de masas, cuya escala de poder y dilemas morales operan a nivel galáctico. En el extremo opuesto se encuentra The Badger, un experto en artes marciales con múltiples personalidades y una propensión al caos que aporta un contrapunto errático y humorístico a la seriedad del evento.

El cruce también integra a GrimJack, el mercenario cínico que habita en la ciudad de Cynosure (un nexo de todas las dimensiones), lo que convierte a su entorno en el escenario lógico para gran parte de la acción. A él se unen figuras de corte más realista o "pulp", como Jon Sable, el cazador y mercenario independiente, y Whisper, la ninja envuelta en intrigas de espionaje moderno. Incluso Dreadstar, la creación de Jim Starlin, hace acto de presencia, aportando su herencia de ópera espacial a la mezcla.

Estructuralmente, 'Crossroads' evita la narrativa lineal simple. Cada número se centra en la colisión de dos o más mundos, permitiendo que los personajes se midan entre sí antes de comprender la magnitud de la amenaza común. Es fascinante observar el choque ideológico: la eficiencia fría de Sable frente a la locura impredecible de Badger, o la mística urbana de GrimJack contrastando con la tecnología avanzada de Nexus. Estas interacciones no se sienten forzadas, sino que sirven para profundizar en la psicología de cada héroe al enfrentarlo a un espejo distorsionado de su propia realidad.

En el apartado visual, la serie contó con un equipo rotativo de artistas que supieron adaptar su estilo a la amalgama de géneros. El desafío era mayúsculo: mantener la identidad visual de cada personaje (muchos de los cuales tenían estéticas muy marcadas por sus creadores originales) mientras se integraban en un entorno compartido. El resultado es un dinamismo constante que refleja la inestabilidad de las dimensiones en conflicto.

'Crossroads' no es solo un festín para los seguidores de First Comics, sino un documento histórico de una era donde las editoriales independientes demostraron que podían construir mitologías complejas y compartidas sin perder la esencia autoral. La obra evita los tropos más manidos de los *crossovers* comerciales, centrándose en el desarrollo de personajes y en la exploración de cómo el entorno moldea al héroe. Sin necesidad de recurrir a giros efectistas o muertes innecesarias, la miniserie logra transmitir una sensación de urgencia y escala, consolidándose como una pieza de culto para los estudiosos del cómic de autor de los 80. Es, en esencia, un rompecabezas interdimensional donde las piezas, a pesar de sus formas imposibles, terminan encajando para ofrecer una visión panorámica de uno de los universos más ricos y olvidados del noveno arte.

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