Crónicas de Pafman: El delirio heroico de Joaquín Cera
En el vasto panteón del cómic español, donde gigantes como Mortadelo y Filemón o Superlópez proyectan sombras alargadas, existe un rincón particularmente caótico, absurdo y brillante ocupado por un héroe que redefine el concepto de "desastre": Pafman. Creado por el genial Joaquín Cera, *Crónicas de Pafman* no es solo una recopilación de aventuras; es la culminación de un estilo de humor que marcó a toda una generación de lectores de la mítica revista *Mortadelo* y que encontró su madurez en las ediciones más contemporáneas de Ediciones B.
Para entender *Crónicas de Pafman*, primero hay que entender a su autor. Joaquín Cera, formado en la escuela de la editorial Bruguera pero con una sensibilidad mucho más cercana al surrealismo y a la cultura pop de los años 80 y 90, volcó en este personaje su visión más irreverente del género de superhéroes. Si Batman es el caballero oscuro de Gotham, Pafman es el "caballero de cartón" de una Logroño surrealista que parece regirse por las leyes de la física de los dibujos animados más alocados.
La premisa de *Crónicas de Pafman* nos presenta a un protagonista que, a pesar de sus buenas intenciones, carece de cualquier habilidad útil para la lucha contra el crimen. Pafman es torpe, ingenuo y posee una capacidad asombrosa para empeorar cualquier situación. Sin embargo, no está solo en su cruzada. Lo acompaña su fiel escudero, Pafcat, un gato antropomórfico, cínico y tecnológicamente avanzado que, irónicamente, suele ser el cerebro de la operación. Juntos forman una de las parejas más disfuncionales y divertidas de la historia del tebeo nacional.
Lo que diferencia a las *Crónicas* de las primeras historietas cortas del personaje es la ambición narrativa. En este formato, Cera se permite desarrollar tramas de largo recorrido, donde la parodia a los tropos del cómic estadounidense —desde los multiversos hasta las crisis de identidad— se entrelaza con un humor castizo y muy propio. La estructura de estas historias suele comenzar con una amenaza aparentemente mundana que, página a página, escala hacia el delirio absoluto.
El escenario principal, una versión distorsionada de la ciudad de Logroño, funciona como un personaje más. En sus calles, cualquier cosa es posible: desde invasiones alienígenas de criaturas con formas ridículas hasta experimentos científicos que desafían toda lógica. Es aquí donde brilla el antagonista por excelencia de la serie: el Profesor Mafrune. Mafrune no es el típico villano que busca la dominación mundial por puro mal, sino que es un científico loco cuya motivación suele ser tan absurda como sus inventos, convirtiéndose en el contrapunto perfecto para la incompetencia de Pafman.
Visualmente, *Crónicas de Pafman* es un festín para los amantes del detalle. El dibujo de Cera es dinámico, elástico y está lleno de "gags" visuales ocultos en el fondo de las viñetas. Su estilo heredero de la línea clara, pero con una energía mucho más frenética, permite que la acción nunca decaiga. El diseño de personajes es icónico en su sencillez: el traje azul de Pafman, su máscara desgarbada y la expresión siempre sarcástica de Pafcat son ya parte de la iconografía del cómic español.
Pero quizás el elemento más distintivo de esta obra es su metahumor. Cera rompe constantemente la cuarta pared, haciendo que los personajes sean conscientes de que están en un cómic, quejándose de la calidad del papel o incluso interactuando con el propio autor. Esta autoconsciencia eleva a *Crónicas de Pafman* por encima de la simple parodia, convirtiéndola en una carta de amor —y a la vez una crítica mordaz— a la industria del entretenimiento.
En resumen, *Crónicas de Pafman* es una lectura esencial para quien busque algo más que risas fáciles. Es un ejercicio de libertad creativa donde el absurdo es la norma y la lógica es el enemigo a batir. A través de sus páginas, el lector se sumerge en un universo donde el heroísmo se mide por la capacidad de levantarse después de cada golpe (literal y figurado) y donde la mayor superpotencia es, sin duda, el sentido del