Cronicas de la Luna Negra

Crónicas de la Luna Negra (*Chroniques de la Lune Noire*) es una de las obras fundacionales y más influyentes de la fantasía oscura dentro del panorama del cómic europeo (BD). Creada en 1989 por el guionista François Froideval y el dibujante Olivier Ledroit, esta saga se desmarca de la fantasía heroica tradicional para sumergirse en un tono épico, cínico y de proporciones apocalípticas. La historia se desarrolla en el Imperio de Lhynn, un mundo vasto y decadente que se encuentra en el centro de una lucha de poder absoluta entre fuerzas divinas, demoníacas y políticas.

El eje central de la narrativa es Wismerhill, un joven semielfo de origen misterioso que comienza su andadura como un simple vagabundo con cierto talento para la supervivencia. A diferencia de los héroes clásicos, Wismerhill no está movido por un código moral inquebrantable, sino por la ambición, la lealtad a sus compañeros y un destino que parece haber sido trazado por entidades que operan mucho más allá de la comprensión humana. A medida que la trama avanza, el protagonista se rodea de un grupo variopinto de aliados, como el elfo Pile-ou-Face o la guerrera Hellaynea, quienes aportan una dinámica de grupo que recuerda a las partidas de rol de alto nivel, pero con una crudeza y violencia explícitas.

El conflicto principal se articula en torno a la figura del Emperador Hagendorf, el soberano de Lhynn, quien ve cómo su autoridad se desmorona ante el avance de diversas facciones. Por un lado, se encuentra la Orden de la Luz y los Caballeros de la Justicia, fuerzas teocráticas que buscan imponer su visión del orden. Por otro, surge la amenaza de la Luna Negra, una organización oscura liderada por el enigmático y poderoso hechicero Haazheel Thorn, hijo del Señor de las Tinieblas. Thorn busca cumplir una profecía que vaticina la caída del Imperio y el ascenso de un nuevo orden bajo su mando, y para ello, Wismerhill se convierte en la pieza clave del tablero.

Lo que define a *Crónicas de la Luna Negra* es su escala. Froideval construye una trama de geopolítica fantástica donde las batallas no se cuentan por decenas de soldados, sino por cientos de miles. La narrativa se aleja de las escaramuzas individuales para centrarse en grandes movimientos de tropas, asedios monumentales y el uso de magia devastadora que altera el paisaje mismo del mundo. El guion maneja con destreza la transición de Wismerhill: de ser un peón en un juego de dioses a convertirse en un señor de la guerra capaz de desafiar tanto al cielo como al infierno.

Visualmente, el cómic es un hito. Olivier Ledroit, quien dibujó los primeros cinco álbumes antes de ceder el testigo a Cyril Pontet, estableció un estilo barroco, cargado de detalles, con armaduras imposibles, arquitecturas góticas colosales y una puesta en escena teatral. Su uso del color y la composición de página, a menudo rompiendo la estructura tradicional de las viñetas para mostrar la magnitud de los ejércitos, dotó a la serie de una identidad visual única que influyó a toda una generación de artistas de fantasía.

La obra no solo se limita a la guerra física, sino que explora la metafísica de su universo. Los dioses no son figuras distantes, sino jugadores activos que manipulan a los mortales para sus propios fines. Esta capa de intriga cósmica eleva la historia por encima del simple relato de espada y brujería, convirtiéndola en una tragedia épica sobre el libre albedrío y el peso del poder.

En resumen, *Crónicas de la Luna Negra* es una saga imprescindible para entender la evolución del género en el noveno arte. Es una historia de ascenso al poder en un mundo donde la moralidad es gris y la supervivencia depende de la capacidad de adaptarse a un destino inevitable. Con un ritmo que nunca decae y una construcción de mundo rica en mitología y jerarquías militares, la obra se mantiene como un referente de la fantasía adulta, cruda y visualmente deslumbrante.

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