Cronicas de la Era Galactica

Crónicas de la Era Galáctica es una de las obras más ambiciosas y sofisticadas dentro del panorama de la ciencia ficción en el cómic español, fruto de la colaboración entre dos figuras fundamentales del medio: el guionista Víctor Mora y el dibujante Francisco Redondo. Publicada originalmente a finales de la década de los 70 y principios de los 80, principalmente en las páginas de cabeceras de la editorial Bruguera como *Super Mortadelo* o *DDT*, esta serie se aleja de la narrativa infantil o puramente humorística de la época para proponer una visión madura, filosófica y visualmente deslumbrante del futuro de la humanidad.

La trama nos sitúa en un futuro remoto, en una cronología que abarca varios siglos de expansión humana por el cosmos. La premisa no se centra en un único héroe inmutable, sino que utiliza la estructura de la antología o el relato coral para explorar la evolución de nuestra especie a medida que coloniza sistemas solares lejanos. El eje central es la "Confederación Galáctica", una entidad política y social que intenta mantener el orden y la ética en un universo vasto, hostil y lleno de maravillas inexplicables. A través de sus páginas, asistimos a la labor de exploradores, diplomáticos, científicos y patrulleros espaciales que deben enfrentarse no solo a amenazas externas, sino a los dilemas morales que surgen del contacto con civilizaciones alienígenas y la gestión de recursos en planetas remotos.

Víctor Mora, conocido por ser el creador de *El Capitán Trueno*, demuestra en esta obra una faceta mucho más reflexiva y política. Sus guiones para *Crónicas de la Era Galáctica* no se limitan a la acción de "space opera" convencional; en su lugar, utiliza el escenario galáctico como un espejo para analizar problemas contemporáneos como el colonialismo, el racismo, la ecología y el impacto de la tecnología en la psique humana. Cada episodio funciona como una pieza de un mosaico mayor que describe la transición de la Tierra desde una potencia planetaria hacia una pieza más dentro de un complejo engranaje interestelar. La narrativa de Mora es densa y rica en matices, huyendo de los maniqueísmos y presentando situaciones donde la solución rara vez es el uso de la fuerza bruta.

En el apartado visual, Francisco Redondo realiza un trabajo excepcional que define la estética de la ciencia ficción europea de su tiempo. Su dibujo se caracteriza por un realismo meticuloso y una capacidad asombrosa para el diseño de maquinaria, naves espaciales y arquitecturas futuristas. Redondo logra transmitir la inmensidad del vacío estelar y la extrañeza de los mundos alienígenas con un nivel de detalle que invita a la contemplación. Su uso de las sombras y la composición de página ayuda a subrayar el tono serio y, a veces, melancólico de la serie. La representación de la tecnología no es meramente utilitaria; hay una elegancia estética en sus diseños que recuerda a los grandes maestros del género como Moebius o Druillet, pero manteniendo una identidad propia, más anclada en una verosimilitud técnica que otorga peso y credibilidad a la historia.

El cómic se estructura en relatos de diversa extensión que, aunque pueden leerse de forma independiente, construyen una continuidad histórica coherente. Se exploran conceptos como la terraformación, la inteligencia artificial, la mutación biológica y los límites de la diplomacia interestelar. La obra evita caer en el cliché del "invasor malvado", optando por mostrar la complejidad de la comunicación entre especies con biologías y sistemas de valores radicalmente distintos.

En resumen, *Crónicas de la Era Galáctica* es un pilar del cómic de ciencia ficción en España. Es una obra que exige una lectura atenta y que recompensa al lector con una visión del mañana que es, a la vez, una advertencia y un canto a la curiosidad humana. Su relevancia reside en haber elevado el estándar del género en las publicaciones de consumo masivo, demostrando que el cómic de aventuras espaciales podía ser un vehículo para la reflexión profunda y el arte visual de vanguardia sin perder su capacidad de fascinar y entretener. Es, en esencia, el registro histórico de un futuro que todavía estamos imaginando.

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