Cromwell Stone

*Cromwell Stone* es una de las obras más herméticas, fascinantes y visualmente sobrecogedoras del cómic europeo contemporáneo. Escrita y dibujada por el autor alemán Andreas (Andreas Martens), esta trilogía —compuesta por los álbumes *Cromwell Stone* (1984), *El retorno de Cromwell Stone* (1994) y *El testamento de Cromwell Stone* (2004)— representa la culminación de un estilo narrativo que fusiona el horror cósmico de raigambre lovecraftiana con una experimentación gráfica sin precedentes en el medio.

La premisa argumental se sitúa inicialmente en el terreno del misterio clásico. La historia comienza con un evento enigmático: trece hombres sobreviven a una travesía marítima en la que ocurre algo inexplicable. Diez años después de aquel suceso, los supervivientes están siendo eliminados uno a uno en circunstancias extrañas. Cromwell Stone, el protagonista que da nombre a la obra, es uno de esos hombres. Stone no es un héroe convencional; es un individuo atormentado, poseedor de un objeto misterioso —una suerte de llave o artefacto geométrico— que parece ser el epicentro de una conspiración que trasciende la comprensión humana.

A medida que la trama avanza, el relato abandona el suspense detectivesco para adentrarse en una cosmogonía compleja. La narrativa se expande desde los espacios cerrados y opresivos de las primeras páginas hacia escenarios de una escala monumental. La búsqueda de Stone no es solo por su supervivencia, sino por entender la naturaleza de unas entidades superiores, antiguas y ajenas a la moralidad humana, que reclaman lo que les pertenece. Andreas evita las explicaciones masticadas, obligando al lector a participar activamente en la reconstrucción de un rompecabezas donde el tiempo, el espacio y la arquitectura juegan roles fundamentales.

El aspecto más distintivo de *Cromwell Stone* es, sin duda, su apartado visual. Andreas utiliza una técnica de rayado (cross-hatching) extremadamente meticulosa y densa, prescindiendo casi por completo del color para entregarse a un blanco y negro de contrastes violentos. Cada viñeta es una lección de composición. El autor emplea una arquitectura imposible, llena de ángulos agudos, escaleras infinitas y estructuras ciclópeas que empequeñecen a los personajes, reforzando la sensación de insignificancia del hombre frente al universo. La verticalidad de las páginas y la ruptura de la rejilla tradicional de la historieta sirven para generar una atmósfera de desorientación y asombro.

La obra también destaca por su ritmo. Andreas maneja el silencio de forma magistral; hay secuencias enteras donde la ausencia de diálogo permite que el dibujo cargue con todo el peso dramático y metafísico. No se trata de un cómic de acción, sino de atmósfera. El horror en *Cromwell Stone* no es visceral ni explícito, sino sugerido a través de la geometría y de la presencia de lo invisible. Es el miedo a lo vasto, a lo que no puede ser nombrado ni comprendido por la razón.

En el segundo y tercer volumen, la historia se vuelve más abstracta, explorando los orígenes de las criaturas y el destino final de la humanidad en relación con estas fuerzas primordiales. La estructura circular de la obra y las constantes referencias a elementos arquitectónicos como mecanismos de poder convierten a la trilogía en un artefacto narrativo único.

En definitiva, *Cromwell Stone* es un hito del noveno arte que desafía las convenciones del género fantástico. Es una obra que exige múltiples lecturas para desentrañar todas sus capas simbólicas y técnicas. Andreas no solo narra una historia de terror cósmico, sino que utiliza el lenguaje del cómic para explorar los límites de la representación visual, convirtiendo la página en un espacio donde lo imposible cobra una textura tangible y perturbadora. Es una pieza indispensable para entender la evolución del cómic de autor europeo y la capacidad del medio para abordar temas metafísicos a través de una estética radical.

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