El Coyote: El Renacimiento de un Mito en la Segunda Época
Hablar de *El Coyote* es invocar a una de las figuras más icónicas y trascendentales de la cultura popular española del siglo XX. Creado originalmente por la pluma magistral de José Mallorquí en formato de novela de quiosco, este personaje no tardó en dar el salto a las viñetas, convirtiéndose en un fenómeno de masas que rivalizó en popularidad con los grandes héroes del cómic estadounidense. La denominada «2ª Época», publicada principalmente bajo el sello de la mítica Editorial Bruguera a partir de la década de los 60, representa un punto de madurez y refinamiento visual que consolidó al personaje como el máximo exponente del «western mediterráneo».
La historia nos traslada a la California de mediados del siglo XIX, un territorio fronterizo y convulso que acaba de ser anexionado por los Estados Unidos tras la guerra con México. En este escenario de cambio traumático, los antiguos colonos de origen español y mexicano, conocidos como «californios», se ven despojados de sus tierras, sus derechos y su dignidad por la llegada de aventureros, políticos corruptos y militares sin escrúpulos que ven en el nuevo territorio un botín que saquear.
En el centro de este conflicto se encuentra don César de Echagüe, el hijo de un acaudalado terrateniente que regresa a su hogar tras años de estancia en España. Para decepción de su padre y de su prometida, César se presenta como un hombre amanerado, indolente, extremadamente refinado y aparentemente cobarde, más preocupado por la moda de París que por defender el honor de su familia. Sin embargo, tras esta fachada de dandi inofensivo, se oculta el Coyote: un jinete enmascarado, vestido de negro y dotado de una puntería infalible y una inteligencia táctica superior, que se dedica a impartir justicia allí donde la ley estadounidense falla o se muestra cómplice de la opresión.
Lo que hace que la «2ª Época» de *El Coyote* sea especialmente fascinante para el lector contemporáneo y el coleccionista es la simbiosis perfecta entre el guion y el arte. En estas páginas, el dibujo de Francisco Batet alcanza cotas de elegancia difíciles de igualar. Batet no solo es capaz de plasmar la acción dinámica de los tiroteos y las persecuciones a caballo, sino que recrea con una precisión casi cinematográfica la atmósfera de las misiones, las haciendas y los paisajes áridos de California. Su trazo limpio y su dominio del claroscuro otorgan al Coyote una presencia imponente, casi fantasmal, que aterroriza a los villanos y da esperanza a los oprimidos.
A diferencia de otros cómics de la época, *El Coyote* no se limita a la acción simplista. Las tramas de esta segunda etapa profundizan en la dualidad del héroe. El conflicto interno de César de Echagüe, obligado a mantener su máscara de debilidad incluso ante sus seres queridos para proteger su identidad secreta, añade una capa de drama psicológico que eleva la obra por encima del estándar del género. Además, la serie aborda temas sociales complejos: el racismo, la corrupción institucional y el choque inevitable entre dos mundos —el viejo orden hispánico y el pujante expansionismo anglosajón— que luchan por el alma de California.
Esta edición de Bruguera permitió que una nueva generación de lectores descubriera la sofisticación de Mallorquí. Las historias evitan el maniqueísmo absoluto; aunque el Coyote es un héroe, sus métodos son a menudo los de un forajido, y sus enemigos suelen ser hombres de leyes que utilizan la burocracia como arma de despojo. Es una lucha de ingenio contra la fuerza bruta, de la tradición contra la codicia.
En definitiva, *El Coyote – 2ª Época* es una pieza fundamental para entender la evolución del noveno arte en España. Es un cómic que combina la aventura más pura con una elegancia estética sobresaliente. Sumergirse en sus páginas es viajar a una frontera salvaje donde la justicia tiene nombre de animal nocturno y donde, bajo el ala de un sombrero negro, arden los ojos de un hombre que se negó a ver cómo su mundo era destruido. Una obra imprescindible que demuestra que el western, cuando se escribe con pasión y se dibuja con maestría, es un género universal y eterno.