En el panorama del cómic contemporáneo español, pocos autores poseen la capacidad de síntesis y la profundidad intelectual de Max (Francesc Capdevila). Con su obra "Coraje", publicada por Salamandra Graphic, el autor mallorquín profundiza en una etapa creativa caracterizada por el minimalismo extremo, la narrativa muda y la exploración de los mecanismos internos del pensamiento y la creación. Esta obra no es solo una historieta, sino un artefacto visual que desafía las convenciones del género de aventuras para transformarlo en una odisea metafísica.
La premisa de "Coraje" nos presenta a un protagonista recurrente en la iconografía reciente de Max: un personaje pequeño, de rasgos esquemáticos que evocan a un caballero o un peregrino, ataviado con una suerte de máscara o casco que le confiere un aire de anonimato universal. Este héroe, desprovisto de armas convencionales y equipado apenas con su determinación, se lanza a atravesar un paisaje desértico y onírico. El escenario, lejos de ser un mero fondo decorativo, actúa como un espacio psicológico donde la geografía se confunde con los estados de ánimo.
A lo largo de sus páginas, el protagonista se enfrenta a una serie de encuentros con entidades y fenómenos que escapan a la lógica racional. No hay diálogos ni textos de apoyo; Max confía plenamente en la capacidad del lector para interpretar el lenguaje de las formas y el ritmo de la acción. Los obstáculos que surgen en el camino del héroe no son monstruos tradicionales, sino manifestaciones simbólicas de la duda, el miedo al vacío y la parálisis que precede a cualquier acto de voluntad. El "coraje" al que alude el título no es la valentía bélica, sino la persistencia necesaria para seguir adelante cuando el sentido del camino parece desvanecerse.
Desde el punto de vista técnico, "Coraje" es una lección magistral de narrativa visual. Max utiliza una línea clara depurada hasta su esencia más pura. Cada trazo tiene una función específica; no hay ruido visual ni ornamentación superflua. La composición de las viñetas juega con el espacio en blanco, convirtiendo el vacío del papel en un elemento narrativo que acentúa la soledad del personaje y la magnitud de su empresa. El uso del color, o su ausencia estratégica, dirige la mirada del lector hacia los puntos de tensión, creando una atmósfera de extrañeza y fascinación constante.
La estructura del cómic sigue una lógica circular y rítmica, casi musical. Los encuentros se suceden con una cadencia que alterna momentos de pausa contemplativa con estallidos de movimiento cinético. Esta fluidez permite que la obra funcione en varios niveles: como