Conan Rey representa la culminación narrativa y vital del personaje más icónico de la espada y brujería, Robert E. Howard. Si bien las aventuras del Cimmerio suelen centrarse en su juventud como ladrón, mercenario y pirata, esta serie de cómics —que ha tenido diversas encarnaciones en editoriales como Marvel, Dark Horse y recientemente de nuevo bajo el sello de Titan Comics— se enfoca en la etapa final de su cronología: el periodo en el que Conan se sienta en el trono de Aquilonia, el reino más poderoso de la Era Hiboria.
La premisa de la obra se aleja de la estructura episódica de los viajes errantes para adentrarse en la complejidad de la alta política, la diplomacia y, sobre todo, el peso de la corona. El cómic nos presenta a un Conan maduro, con el cabello canoso y el rostro surcado por las cicatrices de mil batallas, que ha pasado de ser un bárbaro que despreciaba la civilización a convertirse en el máximo garante de la misma. Sin embargo, la narrativa subraya constantemente una paradoja central: el hombre que conquistó un reino por su propia mano se siente ahora prisionero de los protocolos, las leyes y las responsabilidades que conlleva el mando.
El conflicto en *Conan Rey* opera en dos niveles fundamentales. El primero es el externo y geopolítico. Aquilonia es una joya codiciada por naciones rivales como Nemedia y por fuerzas oscuras que operan desde las sombras de Estigia. A diferencia de sus años de juventud, donde Conan solo debía preocuparse por su propia supervivencia, aquí sus decisiones afectan a millones de súbditos. Las tramas suelen involucrar conspiraciones palaciegas, traiciones de nobles que lo consideran un usurpador extranjero y amenazas sobrenaturales que requieren no solo de su acero, sino de su astucia estratégica.
El segundo nivel es el personal y familiar. Uno de los pilares que diferencia a este cómic de otras cabeceras del personaje es la introducción de una dinámica familiar estable. La presencia de la reina Zenobia aporta una dimensión de vulnerabilidad y humanidad inédita en el Cimmerio. Ella no es una damisela en apuros, sino su consejera y el ancla que lo mantiene unido a su humanidad. Asimismo, la relación con su hijo, el príncipe Conn, es un eje vertebrador de la historia. Conan debe enfrentarse al reto de criar a un heredero en un entorno de lujo y refinamiento, temiendo que la comodidad de la corte debilite la estirpe guerrera de su sangre.
Visualmente, las distintas etapas de *Conan Rey* han buscado reflejar esta majestuosidad decadente. El arte suele ser más detallado y barroco que en las series de *Conan el Bárbaro*. Se pone un énfasis especial en la arquitectura de Tarantia (la capital), el diseño de las armaduras reales y la expresividad de un Conan que, aunque envejecido, conserva una fuerza física imponente. Los artistas suelen jugar con el contraste entre los interiores opulentos del palacio y la crudeza de los campos de batalla a los que el rey se ve obligado a regresar para defender su legado.
Narrativamente, el cómic suele estructurarse a través de la técnica del relato enmarcado. A menudo vemos a un Conan anciano, ya en el ocaso de su vida, relatando sus crónicas a un escriba o a su propio hijo. Este recurso permite que la historia tenga un tono reflexivo y melancólico, imbuido de una sensación de destino inevitable. No se trata solo de ganar batallas, sino de cómo un hombre forjado en la violencia intenta construir algo duradero en un mundo que tiende al caos.
En resumen, *Conan Rey* es el estudio de un personaje que ha alcanzado su meta máxima y descubre que mantener el poder es mucho más difícil y agotador que conseguirlo. Es una obra esencial para entender la evolución completa del héroe, ofreciendo una visión épica que combina la acción visceral característica del género con una profundidad temática sobre el liderazgo, la herencia y el inevitable paso del tiempo en la Era Hiboria. El lector no encontrará aquí a un bárbaro salvaje, sino a un monarca guerrero que comprende que la verdadera batalla no se libra contra monstruos, sino contra el olvido y la corrupción de los imperios.