Conan – Flame & The Fiend

Conan: Flame & The Fiend es una miniserie de tres números publicada originalmente por Dark Horse Comics en el año 2000. Esta obra representa un momento significativo en la historia editorial del personaje, ya que supuso el regreso del legendario guionista Roy Thomas a las crónicas del Cimmerio, esta vez bajo el sello de Dark Horse, tras su extensa y definitoria etapa en Marvel Comics. Acompañado por el arte de Geof Isherwood, Thomas construye una narrativa que encapsula la esencia más pura de la espada y brujería, respetando el canon establecido por Robert E. Howard pero aportando una madurez narrativa propia de la época.

La trama se sitúa cronológicamente en un periodo en el que Conan ya no es un joven inexperto, sino un mercenario curtido que vaga por los reinos del sur, específicamente en las proximidades de la ciudad de Zamboula, un enclave rodeado de desiertos y peligros ancestrales. La historia comienza cuando Conan es contratado por un acaudalado mercader llamado Khasar-Ghun. La misión parece, en principio, sencilla para alguien de su calibre: actuar como guardaespaldas de la hija del mercader, la joven y bella Ariel. Sin embargo, lo que comienza como un contrato de protección convencional pronto se transforma en una pesadilla metafísica y sangrienta.

El conflicto central gira en torno a dos entidades que dan título a la obra: la Llama (Flame) y el Engendro (Fiend). Estas fuerzas no son meros antagonistas físicos, sino representaciones de un mal antiguo y una magia elemental que Conan desprecia profundamente. El "Engendro" es una criatura de origen demoníaco, una entidad de puro odio que busca reclamar a Ariel por razones que se hunden en pactos oscuros y deudas de sangre del pasado. Por otro lado, la "Llama" se manifiesta a través de una figura femenina misteriosa, dotada de poderes pirocinéticos y una agenda ambigua que pone a prueba la capacidad de Conan para distinguir entre aliados y enemigos.

A lo largo de los tres números, Roy Thomas maneja con maestría el ritmo de la narración, alternando secuencias de acción visceral con momentos de tensión atmosférica. El guion explora la dicotomía entre la barbarie de Conan y la supuesta civilización de las ciudades-estado orientales, donde la corrupción y la hechicería suelen ir de la mano. Conan se ve atrapado en medio de una guerra que no es la suya, enfrentándose no solo a espadachines y asesinos, sino a horrores que desafían la lógica humana. Su pragmatismo y su instinto de supervivencia son sus únicas herramientas frente a una magia que amenaza con consumir todo a su paso.

El apartado visual de Geof Isherwood merece una mención especial. Su estilo se aleja de la limpieza de los cómics de superhéroes contemporáneos para abrazar una estética más sucia, detallada y anatómica, muy en la línea de lo que los lectores esperaban de las revistas clásicas como *Savage Sword of Conan*. Isherwood logra capturar la brutalidad de los combates y la escala de las criaturas sobrenaturales, dotando a la obra de una atmósfera opresiva y calurosa, coherente con el entorno desértico donde se desarrolla la acción. El diseño del "Engendro" es particularmente destacable, alejándose de los tropos habituales para presentar algo genuinamente inquietante.

En conclusión, Conan: Flame & The Fiend es una pieza esencial para los seguidores del Cimmerio que buscan historias autoconclusivas con un tono serio y respetuoso con las raíces del personaje. No es solo un relato de supervivencia, sino una exploración de cómo la voluntad de un solo hombre, armado únicamente con acero y determinación, puede enfrentarse a fuerzas que escapan a la comprensión de los dioses y los hombres. La miniserie destaca por su capacidad para condensar una epopeya de horror cósmico y aventura clásica en un formato

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