El cómic de Conan el Bárbaro representa uno de los hitos más significativos en la historia del noveno arte, siendo la traslación definitiva del género de "Espada y Brujería" de las revistas *pulp* de los años 30 al formato de la narrativa secuencial. Aunque el personaje fue creado originalmente por Robert E. Howard, su identidad visual y su mitología expandida deben gran parte de su peso cultural a las décadas de historias publicadas en viñetas, principalmente bajo el sello de Marvel Comics, Dark Horse y, más recientemente, Titan Comics.
La premisa del cómic nos sitúa en la Era Hiboria, un periodo ficticio de la historia terrestre ubicado entre el hundimiento de la Atlántida y el surgimiento de las civilizaciones antiguas conocidas. Este es un mundo de fronteras difusas, donde la geografía se divide en reinos con identidades culturales marcadas: la opulenta Aquilonia, la mística y oscura Estigia, la salvaje Cimmeria o la exótica Kitai. En este escenario, la magia no es un elemento cotidiano ni benévolo, sino una fuerza corruptora, antigua y peligrosa que suele estar vinculada a deidades primigenias y horrores cósmicos.
El protagonista, Conan, es un cimmerio de constitución hercúlea, ojos azules melancólicos y una agilidad felina que contradice su tamaño. El cómic no presenta una narrativa lineal cerrada, sino que funciona como una crónica fragmentada de su vida. A través de los distintos arcos argumentales, el lector acompaña a Conan en su evolución constante: desde su juventud como un ladrón inexperto en las ciudades de Zamora, pasando por su etapa como mercenario en diversos ejércitos, pirata en los mares del sur, hasta alcanzar su destino final como rey de Aquilonia tras derrocar a un tirano.
Uno de los pilares fundamentales del cómic es el conflicto filosófico entre la civilización y la barbarie. A diferencia de otros héroes de fantasía, Conan no se mueve por ideales altruistas o destinos profetizados. Su motor es la supervivencia, el oro y un código de honor personal que, aunque rudo, suele ser más íntegro que la moralidad decadente de los reyes y hechiceros civilizados que encuentra en su camino. El cómic explora la idea de que la civilización debilita al hombre, mientras que la barbarie lo mantiene puro y alerta frente a las amenazas de un mundo hostil.
Visualmente, el cómic de Conan ha sido el campo de pruebas para algunos de los mejores artistas de la industria. La etapa fundacional de Roy Thomas y Barry Windsor-Smith en los años 70 dotó al personaje de una estética detallada y casi prerrafaelita, alejándose de los estereotipos del cómic de superhéroes de la época. Posteriormente, John Buscema definiría la imagen definitiva del bárbaro: una fuerza de la naturaleza imponente y dinámica. La existencia de publicaciones como *The Savage Sword of Conan*, editada en blanco y negro y con un formato de revista, permitió explorar contenidos más adultos, violentos y viscerales, consolidando el tono maduro que caracteriza a la franquicia.
Narrativamente, las historias suelen estructurarse en torno al enfrentamiento de Conan contra amenazas sobrenaturales. Los antagonistas suelen ser hechiceros que han sacrificado su humanidad por poder, o criaturas que parecen extraídas de los mitos de Lovecraft. El combate es siempre físico y brutal, destacando la capacidad del protagonista para triunfar mediante la fuerza bruta y el instinto sobre las artes oscuras y la traición política.
En resumen, el cómic de Conan es una epopeya sobre la voluntad humana. Es el retrato de un hombre que, sin poseer poderes mágicos ni linajes divinos, se labra su propio camino en un mundo poblado por dioses olvidados y monstruos antiguos. Su lectura ofrece una