*Comanche* no es solo un título fundamental dentro del género del *western* en el cómic europeo; es la obra que, junto al *Blueberry* de Charlier y Giraud, redefinió la estética y la narrativa del salvaje oeste en la historieta franco-belga. Publicada originalmente a partir de 1969 en la revista *Tintin*, la serie nació de la colaboración entre dos gigantes del medio: el guionista Michel Regnier (conocido como Greg) y el dibujante Hermann Huppen.
La premisa inicial nos sitúa en Wyoming, en el rancho Triple-6 (666). La propiedad pertenece a Comanche, una joven de carácter firme que lucha por sacar adelante su herencia tras la muerte de su padre. El entorno es hostil, marcado por la precariedad económica y la presión de terratenientes vecinos. La situación cambia drásticamente con la aparición de un jinete solitario, pelirrojo y de pasado enigmático: Red Dust. A diferencia de otros héroes del género, Dust no llega buscando gloria, sino trabajo. Tras demostrar su valía, es contratado como capataz, convirtiéndose en el brazo ejecutor y el eje central de la narrativa.
A partir de este punto, Greg construye un microcosmos de personajes secundarios que aportan una profundidad inusual para la época. Tenemos a Ten Gallons, el viejo y sabio manos del rancho; Clem, el joven impetuoso en busca de aprendizaje; y Toby, un peón negro que introduce, de forma sutil pero efectiva, el componente de la discriminación racial en la frontera. Juntos forman una unidad familiar atípica que debe enfrentarse no solo a forajidos y cuatreros, sino a la propia dureza de una tierra que no perdona errores.
El guion de Greg destaca por su capacidad para transitar desde el *western* más clásico y aventurero de los primeros álbumes —como *Red Dust* o *Los guerreros de la desesperación*— hacia un realismo sucio, crepuscular y profundamente psicológico. A medida que la serie avanza, los conflictos se vuelven más sombríos. La violencia en *Comanche* no es gratuita ni coreografiada; es seca, brutal y deja cicatrices permanentes, tanto físicas como morales, en los protagonistas. La evolución de Red Dust es ejemplar: el héroe se desgasta, sufre crisis de conciencia y se ve obligado a lidiar con las consecuencias de sus actos en títulos clave como *El dedo del diablo* o *Sheriff por tres dólares*.
En el apartado visual, el trabajo de Hermann es, sencillamente, revolucionario. Su estilo evoluciona desde una línea clara más convencional hacia un realismo visceral y detallado. Hermann es un maestro en la representación de la atmósfera: el lector puede sentir el polvo del desierto, el frío de la nieve en las montañas y el barro de las calles de Greenstone Falls. Su uso de las texturas y su capacidad para dotar de expresividad a los rostros —marcados por el cansancio y la intemperie— alejaron al cómic de la imagen idealizada de Hollywood. Además, su composición de página y el uso de los encuadres cinematográficos otorgan a la obra un ritmo dinámico que no ha envejecido.
La serie se divide tradicionalmente en dos etapas. La primera y más aclamada comprende los diez álbumes realizados por el tándem Greg-Hermann, donde se alcanza el cenit narrativo con la saga de los hermanos Dobbs. Tras la salida de Hermann, la serie continuó con los dibujos de Michel Rouge, quien mantuvo un nivel notable, aunque la obra ya había dejado su huella indeleble en la historia del noveno arte.
En conclusión, *Comanche* es un estudio sobre la supervivencia y la justicia en un mundo en transición. No se limita a la acción del revólver, sino que explora la ética del individuo frente a la ley y la construcción de una civilización sobre cimientos de violencia. Es una lectura imprescindible para entender la madurez del cómic europeo y una pieza maestra que elevó el *western* a la categoría de literatura visual de alto calado. Su relevancia reside en haber humanizado el mito del Oeste, despojándolo de artificios para mostrar su rostro más crudo y honesto.