Dentro del panorama del cómic español de los años ochenta, pocas obras encapsulan con tanta precisión la efervescencia creativa de la denominada "Nueva Escuela Valenciana" como *Claus y Simon*. Creada por Daniel Torres, esta serie no solo consolidó su estilo personal, sino que se convirtió en uno de los pilares de la revista *Cairo*, el bastión de la "Línea Clara" en España. La obra es un ejercicio de estilo, arquitectura y aventura que redefine el concepto de retrofuturismo desde una óptica europea y sofisticada.
La narrativa de *Claus y Simon* se sitúa en un futuro que parece imaginado desde la estética de los años cuarenta y cincuenta. No es una ciencia ficción distópica o sucia, sino una visión estilizada donde la tecnología convive con una elegancia Art Déco. El entorno es fundamental: las ciudades son laberintos de líneas rectas, perspectivas imposibles y una planificación urbana que delata la formación arquitectónica de Torres. Los escenarios no son meros fondos; actúan como un tercer protagonista que dicta el ritmo de la acción y la atmósfera de misterio que envuelve cada entrega.
Los protagonistas, Claus y Simon, forman una pareja clásica de la tradición del cómic de aventuras, pero dotada de una profundidad psicológica que los aleja del arquetipo plano. Claus es el cerebro del dúo: un hombre alto, delgado, de rasgos afilados y una actitud cínica y pragmática. Es el estratega, el que analiza las situaciones con frialdad, aunque a menudo se ve arrastrado por las circunstancias. Por el contrario, Simon es el contrapunto físico y emocional: bajo, robusto, de carácter impulsivo y corazón noble. Esta dualidad no solo genera una dinámica de diálogos ágil y a menudo humorística, sino que permite al autor explorar diferentes facetas de la condición humana frente al peligro y la ambición.
La trama de sus aventuras suele girar en torno a encargos peligrosos, la búsqueda de objetos tecnológicos perdidos o intrigas políticas en colonias espaciales. Sin embargo, el motor de la historia no es solo la resolución del conflicto, sino el viaje en sí mismo. Torres utiliza a Claus y Simon para transitar por un universo lleno de naves espaciales de diseño aerodinámico, robots con estética de juguete antiguo y sociedades que, a pesar de su avance tecnológico, mantienen los vicios y virtudes de la humanidad clásica. El tono oscila entre el género negro, la *space opera* y el relato de exploradores, manteniendo siempre un equilibrio que evita que la obra se sienta anticuada.
Visualmente, *Claus y Simon* es una lección de narrativa gráfica. Daniel Torres depura aquí la herencia de maestros como Hergé o Edgar P. Jacobs, pero le añade una calidez y una vibración propias. El uso del color es magistral, empleando paletas que refuerzan la sensación de estar ante una película de la época dorada de Hollywood, pero proyectada hacia el futuro. La limpieza del trazo permite una legibilidad absoluta, incluso en las escenas de acción más complejas o en los planos generales de ciudades hiperdetalladas. Cada viñeta está compuesta con una precisión milimétrica, buscando siempre la armonía visual.
Es importante destacar que *Claus y Simon* sirvió como el laboratorio perfecto para lo que más tarde sería la obra cumbre de Torres, *Roco Vargas*. En estas páginas se gestaron las ideas sobre la soledad del héroe, la fascinación por el espacio y la importancia del diseño industrial en la narrativa. Leer este cómic hoy en día no es solo un ejercicio de nostalgia, sino una oportunidad para entender cómo el cómic español alcanzó una madurez técnica y narrativa capaz de dialogar de tú a tú con la gran tradición franco-belga. Es una obra esencial para comprender la evolución del medio y disfrutar de una aventura atemporal donde la elegancia y la imaginación caminan de la mano.