Cielos Extraños Sobre Berlín Este (originalmente *Strange Skies Over East Berlin*), escrita por Jeff Loveness e ilustrada por Lisandro Estherren, es una de las propuestas más sólidas y atmosféricas del cómic contemporáneo que hibrida el suspense histórico con el horror de ciencia ficción. Publicada originalmente por BOOM! Studios, la obra se aleja de los tropos convencionales de las invasiones alienígenas para adentrarse en un terreno mucho más psicológico, claustrofóbico y existencialista.
La historia se sitúa en el año 1973, en el corazón de una Alemania dividida. El escenario es Berlín Este, un lugar donde la paranoia no es solo un estado mental, sino una herramienta de control estatal. El protagonista es Herring, un espía estadounidense que ha logrado infiltrarse en las filas de la Stasi, la temida policía secreta de la República Democrática Alemana. Herring es un hombre consumido por su propia duplicidad; un individuo que ha pasado tanto tiempo viviendo una mentira que ha comenzado a perder el rastro de su propia identidad. Su misión es simple pero peligrosa: observar, informar y sobrevivir en un entorno donde cualquier susurro puede significar la muerte.
El conflicto central se detona cuando un objeto desconocido cae del cielo en territorio de la Alemania Oriental. Lo que en un principio las autoridades sospechan que podría ser una nueva arma estadounidense o un satélite soviético fuera de control, pronto se revela como algo que desafía toda lógica humana. La Stasi, bajo la dirección del implacable y metódico Dr. Keppel, asegura el lugar del impacto y comienza una investigación secreta en un búnker subterráneo. Herring, gracias a su posición privilegiada, logra acceder al núcleo de esta operación, solo para descubrir que lo que han recuperado no es tecnología, sino una entidad orgánica y consciente que parece alimentarse de la psique humana.
A diferencia de otros relatos de contacto extraterrestre, en esta obra el "alienígena" funciona como un espejo oscuro. La criatura posee la capacidad de proyectar los secretos, los traumas y las culpas de quienes se acercan a ella. En el contexto de la Guerra Fría, donde cada personaje guarda esqueletos en el armario y vive bajo el peso de la traición, esta entidad se convierte en la amenaza definitiva. No necesita armas para destruir a sus captores; le basta con obligarlos a enfrentar la verdad de sus propias acciones.
El guion de Jeff Loveness destaca por su capacidad para mantener una tensión constante. La narrativa no se apresura; se toma el tiempo necesario para construir la atmósfera de opresión que caracterizaba al Berlín de la época. El autor utiliza el elemento de ciencia ficción no como un fin en sí mismo, sino como un catalizador para explorar la condición humana bajo regímenes totalitarios y la erosión del alma que conlleva el espionaje. La dualidad entre el "monstruo" del espacio y los "monstruos" humanos que dirigen los interrogatorios en las celdas de la Stasi es un tema recurrente que dota a la obra de una profundidad literaria notable.
En el apartado visual, el trabajo del artista argentino Lisandro Estherren es fundamental para el éxito de la propuesta. Su estilo, caracterizado por trazos sucios, sombras densas y una paleta de colores apagada y melancólica (cortesía de Patricio Delpeche), captura a la perfección la estética de los años 70 detrás del Telón de Acero. Las composiciones de Estherren enfatizan la sensación de encierro; incluso en los espacios abiertos, el cielo parece pesar sobre los personajes. El diseño de la entidad alienígena huye de los clichés de "hombrecitos verdes", optando por formas abstractas y perturbadoras que refuerzan la sensación de incomprensibilidad.
Cielos Extraños Sobre Berlín Este es, en última instancia, un thriller de espionaje que utiliza el horror cósmico para hablar sobre la confianza, la alienación y el coste de los secretos. Es una lectura imprescindible para quienes buscan historias autoconclusivas que priorizan la atmósfera y el desarrollo de personajes sobre la acción gratuita. La obra logra que el lector sienta el mismo frío que recorre las calles de Berlín Este, recordándonos que, a veces, lo más aterrador no viene de las estrellas, sino de lo que ocultamos en nuestro propio interior.