Chicos

Retrato de una juventud estancada: El universo de 'Chicos' de Nadar

En el panorama del cómic contemporáneo español, pocos autores poseen la capacidad de diseccionar la cotidianidad y la psicología humana con la precisión quirúrgica de Pep Domingo, más conocido como Nadar. Tras el éxito de crítica que supuso su debut con *Papel estrujado*, el autor regresó con *Chicos* (Astiberri), una obra que no solo confirma su talento narrativo, sino que lo posiciona como un observador privilegiado de las grietas que definen a las nuevas generaciones.

*Chicos* no es una historia de grandes gestas ni de giros argumentales artificiosos. Es, ante todo, un ejercicio de realismo introspectivo. La trama nos sitúa en un entorno geográfico que resulta dolorosamente familiar: un pueblo o ciudad de provincias, marcado por un pasado industrial que se desvanece y un presente que parece suspendido en un tiempo muerto. En este escenario, el autor nos presenta a un grupo de jóvenes que transitan esa frontera difusa entre la adolescencia tardía y una madurez que no termina de ofrecerles un lugar en el mundo.

La sinopsis nos introduce en el día a día de estos personajes, cuyas vidas están unidas por una amalgama de amistad, inercia y una soterrada desesperanza. El protagonista, un joven que regresa al hogar o que intenta encontrar su camino en un entorno que parece asfixiar cualquier atisbo de ambición, sirve de hilo conductor para explorar las dinámicas de su grupo de amigos. A través de conversaciones en bares, paseos por descampados y encuentros fortuitos, Nadar construye un mosaico sobre la identidad masculina, la presión de las expectativas sociales y el peso del entorno.

El conflicto central de *Chicos* no reside en un evento externo, sino en la fricción constante entre el deseo de ser alguien y la realidad de no ser nadie en un lugar que se olvida de sí mismo. Los personajes de Nadar no son arquetipos; son seres humanos imperfectos, vulnerables y, a menudo, contradictorios. El autor explora con maestría cómo la masculinidad se manifiesta en este contexto: a veces a través del silencio, otras mediante una agresividad mal canalizada o una camaradería que oculta una profunda soledad.

Uno de los pilares fundamentales de esta obra es su ambientación. El entorno urbano y periférico actúa como un personaje más. Las calles vacías, los edificios grises y los cielos plomizos no son solo decorados, sino proyecciones del estado anímico de los protagonistas. Hay una sensación de "no lugar" que impregna cada página, recordándonos que estos chicos habitan un espacio que parece haber sido diseñado para ser abandonado, aunque muchos de ellos nunca logren hacerlo.

Visualmente, Nadar despliega un estilo que ha ido depurando hasta alcanzar una expresividad asombrosa. Su trazo es firme pero capaz de captar la fragilidad en un gesto o en una mirada esquiva. El uso de la narrativa visual es impecable; el autor sabe cuándo dejar que el silencio hable, utilizando composiciones de página que enfatizan la monotonía y el paso lento del tiempo. El manejo del ritmo es fundamental en *Chicos*: la lectura se siente pausada, permitiendo al lector habitar el espacio de los personajes, sentir su aburrimiento y, eventualmente, su angustia.

Sin caer en el melodrama gratuito, el cómic aborda temas universales como la brecha generacional, la precariedad laboral y la erosión de los sueños frente a la necesidad de supervivencia. Sin embargo, lo hace desde una perspectiva local y honesta, huyendo de las lecciones morales. Nadar no juzga a sus "chicos"; simplemente los observa, permitiendo que sus acciones y omisiones hablen por sí solas.

En conclusión, *Chicos* es una obra imprescindible para entender el cómic social y psicológico de la última década. Es una lectura que requiere atención y empatía, una historia que se queda grabada no por lo que cuenta, sino por cómo nos hace sentir. Es el retrato de una juventud que busca su reflejo en espejos rotos, en un mundo que parece haber dejado de mirarles. Para cualquier lector que busque una narrativa adulta, cruda y profundamente humana, esta obra de Nadar representa una de las cumbres del noveno arte en lengua castellana. Es, en definitiva, un espejo incómodo pero necesario sobre quiénes somos cuando nadie nos mira y hacia dónde vamos cuando todos los caminos parecen conducir al mismo punto de partida.

Deja un comentario