*Chew*, creada por el guionista John Layman y el dibujante Rob Guillory, es una de las obras más originales, irreverentes y cohesionadas del cómic independiente estadounidense de la última década. Publicada por Image Comics entre 2009 y 2016, la serie se extiende a lo largo de 60 números que componen una historia cerrada, planificada con una precisión quirúrgica desde su primer ejemplar.
La premisa se sitúa en un mundo transformado por una catástrofe sanitaria: una variante de la gripe aviar ha matado a millones de personas, lo que ha llevado al gobierno de los Estados Unidos a prohibir el consumo, comercio y posesión de carne de pollo y otras aves. En este escenario distópico, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se ha convertido en la agencia de seguridad más poderosa del planeta, operando con una autoridad que rivaliza con el FBI o la CIA para combatir el floreciente mercado negro de aves de corral.
El protagonista es Tony Chu, un detective de policía con un secreto biológico: es un "cibópata". Esta condición le permite recibir impresiones psíquicas increíblemente detalladas de cualquier cosa que ingiera. Si come una manzana, ve el árbol donde creció, los pesticidas que se le aplicaron y quién la cosechó. Si come un filete, experimenta el miedo y el dolor del animal en el matadero. Esta habilidad, aunque útil para resolver crímenes, es una maldición personal que lo obliga a vivir a base de remolachas (el único alimento que no le produce visiones) para mantener su cordura. Sin embargo, su talento no pasa desapercibido para la FDA, que lo recluta para investigar los casos más extraños y grotescos relacionados con la comida y el contrabando.
La narrativa de *Chew* destaca por su construcción de mundo. Layman introduce de forma orgánica una serie de habilidades especiales vinculadas a la gastronomía que expanden el universo de la obra. Además de la cibopatía de Chu, el lector conoce a "sabopantes", capaces de escribir sobre comida de una manera tan vívida que los lectores pueden saborear los platos; "vaugreles", que pueden moldear la comida para crear objetos funcionales; y otros personajes con facultades aún más estrambóticas. Estas habilidades no son meros adornos, sino motores de una trama que escala desde crímenes procedimentales hasta una conspiración de alcance global y tintes cósmicos.
El tono de la obra es una mezcla equilibrada de humor negro, sátira social, drama policial y ciencia ficción surrealista. A pesar de sus momentos de ligereza y situaciones absurdas, *Chew* no teme adentrarse en territorios oscuros, explorando la pérdida, la obsesión y las consecuencias éticas de las acciones de sus personajes. Tony Chu es un protagonista rígido y moralista que sirve como el ancla perfecta en un mundo que parece haber perdido el juicio. A su lado, personajes como su compañero John Colby, un detective cínico con mejoras cibernéticas, o Mason Savoy, su mentor y contraparte en la FDA, aportan capas de complejidad a la dinámica de la serie.
El apartado visual de Rob Guillory es indisoluble del éxito de la obra. Su estilo es caricaturesco, dinámico y extremadamente detallado, lo que permite que la violencia gráfica y los elementos más repulsivos de la trama (que son frecuentes debido a la naturaleza del poder de Chu) resulten digeribles y estilizados. Guillory llena las viñetas de "easter eggs", chistes visuales en los fondos y detalles narrativos que recompensan la lectura atenta. Su capacidad para diseñar personajes memorables y expresar emociones exageradas pero genuinas define la identidad visual de la serie.
En resumen, *Chew* es un cómic sobre la comida, pero también sobre la corrupción, la familia y el destino. Es una obra que se atreve a ser ridícula y profunda al mismo tiempo, manteniendo un ritmo implacable que culmina en un final satisfactorio que cierra todos los hilos planteados desde el primer número. Es una lectura esencial para quienes buscan una narrativa que rompa con los tropos convencionales del género policial y de superhéroes.