Chariot [Traducido por Floyd Wayne y W D ]

*Chariot*, la obra escrita por Bryan Edward Hill e ilustrada por Priscilla Petraites (con colores de Marco Lesko), es un ejercicio de estilo que fusiona el *techno-thriller* de la Guerra Fría con la estética *synthwave* contemporánea. Publicada originalmente bajo el sello AWA Studios y presentada en esta edición traducida por Floyd Wayne y W D, la historia se posiciona como una pieza de ciencia ficción de alto octanaje que utiliza la nostalgia de los años 80 no solo como un decorado visual, sino como el núcleo de su mitología tecnológica.

La premisa nos sitúa frente a un artefacto legendario: el "Chariot". Durante el apogeo de la tensión entre las superpotencias mundiales, el gobierno de los Estados Unidos invirtió miles de millones de dólares en un proyecto secreto de alto nivel. El resultado no fue un misil ni un satélite, sino un vehículo de lujo, un coche deportivo equipado con tecnología de vanguardia que superaba cualquier estándar de la época. Sin embargo, el Chariot no era simplemente una máquina; era un sistema de armas integrado que requería una conexión simbiótica con su piloto. Tras la desaparición de su conductora original y el fin de la era que lo vio nacer, el vehículo fue ocultado, convirtiéndose en un mito urbano dentro de las agencias de inteligencia.

La narrativa arranca en el presente con Beau, un hombre que se encuentra en el peldaño más bajo de la escala social. Beau es un exconvicto que intenta desesperadamente reformar su vida para poder mantener el contacto con su hijo enfermo. Su situación es precaria y su desesperación lo lleva a aceptar trabajos de dudosa legalidad. Es en este contexto de necesidad extrema donde Beau tropieza con el escondite del Chariot. Lo que comienza como un intento de robo para obtener dinero rápido se transforma en un encuentro que cambiará su destino. Al activar el vehículo, Beau no solo despierta un motor de potencia incalculable, sino que reactiva la conciencia que reside en los circuitos del coche.

El elemento central que eleva a *Chariot* por encima de otras historias de "coches fantásticos" es la relación entre el hombre y la máquina. El vehículo contiene una copia digital de la conciencia de su antigua piloto, una agente de élite cuya personalidad y habilidades permanecen intactas dentro del hardware. Esta dinámica establece un vínculo de mentoría y supervivencia: Beau aporta el cuerpo y la voluntad en el mundo físico, mientras que la IA del Chariot aporta el conocimiento táctico, la frialdad estratégica y una potencia de fuego devastadora.

A medida que Beau comienza a entender el potencial de lo que tiene entre manos, se convierte automáticamente en el objetivo de fuerzas oscuras. Antiguas organizaciones gubernamentales y mercenarios tecnológicos que nunca olvidaron el poder del Chariot emergen de las sombras para reclamar su propiedad. La trama se convierte entonces en una persecución frenética donde la velocidad es la única defensa. Hill construye un guion ágil que explora temas como la redención, el peso del legado y la deshumanización que conlleva la tecnología militar.

Visualmente, el trabajo de Priscilla Petraites es fundamental para la identidad del cómic. Su dibujo captura la velocidad y la violencia de los enfrentamientos vehiculares con una claridad cinematográfica. El diseño del Chariot es icónico, evocando los deportivos clásicos de los 80 pero con un toque futurista y agresivo. La paleta de colores de Marco Lesko refuerza esta atmósfera, utilizando neones, púrpuras y azules eléctricos que transportan al lector a una realidad que se siente como una película de acción de serie B con presupuesto de superproducción.

En resumen, *Chariot* es una obra que entiende perfectamente sus referentes. No intenta reinventar la rueda, sino que la hace girar a toda velocidad. Es una historia de acción pura, con un trasfondo de espionaje melancólico, que destaca por su ritmo implacable y su capacidad para construir una mitología fascinante en torno a un objeto inanimado que, paradójicamente, tiene más personalidad que la mayoría de los personajes humanos en el género. La traducción de Floyd Wayne y W D permite al lector hispanohablante acceder a esta experiencia de adrenalina y neón con toda su fuerza narrativa intacta.

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