Cazafantasmas Vol2

El segundo volumen de la serie regular de los Cazafantasmas (Ghostbusters), publicado por la editorial IDW Publishing, representa la consolidación definitiva de la franquicia en el mundo del cómic contemporáneo. Tras el éxito de la primera etapa, el equipo creativo compuesto por el guionista Erik Burnham, el dibujante Dan Schoening y el colorista Luis Antonio Delgado retoma las riendas para expandir el universo de la propiedad intelectual más allá de lo visto en las películas originales de los años 80.

La narrativa de este volumen se sitúa cronológicamente después de los eventos del primer arco de IDW, manteniendo la continuidad establecida donde los cuatro integrantes originales —Peter Venkman, Ray Stantz, Egon Spengler y Winston Zeddemore— operan un negocio próspero pero siempre al borde del colapso logístico en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, el Volumen 2 arranca con un cambio de paradigma fundamental que redefine la estructura de la serie: la desaparición de los protagonistas originales.

El punto de partida de este volumen es el arco argumental titulado "The New Ghostbusters". Debido a una serie de eventos sobrenaturales de escala masiva, los Cazafantasmas fundadores son secuestrados y transportados a una dimensión paralela por una entidad de inmenso poder. Ante el vacío de poder y la creciente actividad ectoplásmica en Manhattan, Janine Melnitz, la eterna secretaria del grupo, se ve obligada a tomar medidas desesperadas. Bajo su supervisión, se forma un equipo de relevo compuesto por personajes que expanden el lore de la franquicia: Kylie Griffin (personaje rescatado de la serie animada *Extreme Ghostbusters*), Ron Alexander (un antiguo rival tecnológico), el agente del FBI Melanie Ortiz y el propio apoyo logístico de la oficina.

Este volumen destaca por su capacidad para equilibrar el respeto a la nostalgia con la innovación narrativa. Erik Burnham utiliza un tono que captura a la perfección la voz de los personajes cinematográficos —el cinismo de Venkman, el entusiasmo científico de Ray y la sobriedad de Winston—, pero no se limita a repetir fórmulas. La trama profundiza en la mitología de los "Contratos de Gozer" y explora las consecuencias burocráticas y legales de cazar fantasmas en una metrópolis moderna, añadiendo una capa de realismo satírico que siempre fue parte del ADN de la saga.

Visualmente, el trabajo de Dan Schoening es el pilar que sostiene la identidad del cómic. Su estilo, que mezcla el diseño de personajes ligeramente caricaturizado con un nivel de detalle técnico asombroso en los equipos (mochilas de protones, trampas y el Ecto-1), permite que la acción sea fluida y visualmente estimulante. Schoening integra constantes referencias visuales ("easter eggs") que aluden tanto a las películas como a las series animadas (*The Real Ghostbusters*) y a los videojuegos, convirtiendo cada página en un festín para el seguidor veterano sin alienar al lector casual.

A medida que el volumen avanza, la historia se centra en el rescate de los originales y en la posterior coexistencia de ambos equipos. Se explora la idea de que los Cazafantasmas ya no son solo cuatro hombres en un camión de bomberos, sino una entidad que debe evolucionar hacia una organización más compleja para enfrentar amenazas que trascienden la comprensión humana. La interacción entre la vieja guardia y los nuevos reclutas genera una dinámica de mentoría y conflicto que refresca la serie.

En resumen, el Volumen 2 de los Cazafantasmas de IDW no es solo una continuación, sino una expansión necesaria. Logra desvincularse de la dependencia absoluta de los guiones de las películas para construir una mitología propia, donde el terror sobrenatural y la comedia de oficina conviven en perfecta armonía. Es una obra esencial para entender cómo una franquicia cinematográfica puede encontrar una segunda vida larga y coherente en el formato de viñetas, respetando su pasado pero mirando decididamente hacia el futuro del multiverso ectoplásmico.

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