Hablar de Casiano Barullo es, inevitablemente, rendir homenaje a uno de los genios más indómitos y brillantes de la historieta española: Manuel Vázquez. Creado en la década de los 50 para la mítica Editorial Bruguera, este personaje no es solo una figura de papel y tinta, sino un reflejo distorsionado, hilarante y profundamente humano de la España de la posguerra. Como experto en el noveno arte, analizar esta obra requiere entenderla como una pieza fundamental de la "Escuela Bruguera", ese ecosistema donde el humor servía como válvula de escape ante una realidad social a menudo asfixiante.
La sinopsis de *Casiano Barullo* nos sitúa en un entorno urbano genérico pero reconocible, donde nuestro protagonista ejerce como el arquetipo del "pícaro" moderno. Casiano es un hombre de mediana edad, reconocible por su fisonomía caricaturesca —una calvicie incipiente coronada por apenas tres pelos, una nariz prominente y un sempiterno traje que intenta mantener una dignidad ya perdida—. Su vida es un ejercicio constante de equilibrismo entre la desidia y la supervivencia. Casiano no busca la gloria ni la fortuna a través del esfuerzo convencional; su motor vital es la ley del mínimo esfuerzo y la búsqueda de atajos para sortear las dificultades cotidianas.
El núcleo narrativo de sus historietas suele girar en torno a dos ejes principales: el ámbito doméstico y la lucha contra las instituciones o figuras de autoridad. En casa, Casiano se enfrenta a la figura de su esposa, una mujer de carácter fuerte que actúa como el contrapunto realista a las fantasías y vagancias de su marido. Esta dinámica genera un humor de situación brillante, donde el diálogo rápido y mordaz es tan importante como el golpe físico. Fuera de casa, Casiano es el maestro de la evasión. Sus enemigos naturales son los acreedores, los caseros que reclaman el alquiler y cualquier figura que represente una obligación laboral o financiera.
Lo que hace que *Casiano Barullo* destaque sobre otros personajes de la época es la pluma de Vázquez. El autor dota a Casiano de una movilidad y una expresividad cinética que eran revolucionarias para su tiempo. Las viñetas no son estáticas; Casiano corre, salta, se esconde y gesticula con una energía que parece desbordar el papel. Es un humor de "slapstick" o comedia física, pero enriquecido con una ironía muy afilada sobre la burocracia y las convenciones sociales.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura (spoilers), podemos decir que cada historieta es una pequeña obra maestra de la estructura cómica: presentación de un problema (normalmente una deuda o una tarea pendiente), el plan descabellado de Casiano para evitarlo, y el inevitable desenlace donde el caos —el "barullo" que hace honor a su apellido— se apodera de la situación. A menudo, el lector se descubre empatizando con este antihéroe, no porque sus acciones sean ejemplares, sino porque representa ese deseo universal de rebelarse contra las normas impuestas y las preocupaciones materiales.
En conclusión, *Casiano Barullo* es una lectura esencial para comprender la evolución del cómic de humor en España. Es el precursor de muchos otros personajes que vendrían después, y contiene la esencia pura de Vázquez: esa mezcla de cinismo,