Dentro del vasto panorama del cómic español contemporáneo, pocos autores poseen la capacidad de Fermín Solís para transitar entre la crudeza de la novela gráfica adulta y la luminosa sencillez de la narrativa infantil. 'Cartucho y Patata', publicada bajo el prestigioso sello de Mamut Comics (Bang Ediciones), se erige no solo como una lectura para los más pequeños, sino como una clase magistral de narrativa visual que merece ser analizada con detenimiento por cualquier entusiasta del noveno arte.
La obra nos presenta a un dúo dinámico cuya química es el motor de cada página: Patata, una niña de una curiosidad inagotable y energía contagiosa, y Cartucho, su fiel compañero canino, un perro de formas redondeadas y expresividad desbordante que actúa como el contrapunto perfecto a las ocurrencias de su dueña. Juntos, transforman lo cotidiano en una sucesión de descubrimientos, recordándonos que, a través de los ojos de un niño (y de su perro), el mundo es un lugar infinito y lleno de posibilidades.
Desde el punto de vista técnico, 'Cartucho y Patata' es un prodigio de la narrativa muda o con texto mínimo. Solís, finalista del Premio Nacional de Cómic por 'Buñuel en el laberinto de las tortugas', demuestra aquí que no necesita de grandes bocadillos de texto para construir una trama sólida y emocionante. El cómic se apoya en la "línea clara" y en una paleta de colores vibrantes y planos que facilitan la lectura secuencial. Para un experto, es fascinante observar cómo el autor maneja el *timing* cómico y la transición entre viñetas; cada gesto de Cartucho o cada mirada de Patata está calculado para que el lector, independientemente de su edad o nivel de alfabetización, comprenda perfectamente la intención emocional de la escena.
La estructura de las historias suele partir de una premisa sencilla: un paseo por el parque, un encuentro con un objeto inesperado o un pequeño contratiempo doméstico. Sin embargo, Solís huye de la simplificación excesiva. En 'Cartucho y Patata', el conflicto y la resolución se gestionan con una elegancia que invita a la relectura. El autor utiliza el espacio de la página para jugar con la perspectiva y el movimiento, logrando que el lector sienta el dinamismo de las carreras de Cartucho o el asombro silencioso de Patata ante un pequeño insecto.
Uno de los mayores aciertos de este cómic es su pertenencia a la colección Mamut, diseñada específicamente para iniciar a los niños en la lectura de cómics. 'Cartucho y Patata' cumple esta función con creces, pero va más allá al evitar el tono condescendiente que a menudo plaga la literatura infantil. Hay una honestidad intrínseca en la relación entre los protagonistas; no es una amistad idealizada y estática, sino una interacción llena de matices donde hay espacio para la sorpresa, el pequeño susto y, sobre todo, la resolución creativa de problemas.
El diseño de personajes merece una mención aparte. Patata, con su estética minimalista, es un icono de la infancia moderna: resolutiva y valiente. Cartucho, por su parte, se aleja de los diseños de animales antropomórficos complejos para abrazar una geometría amable que lo hace instantáneamente reconocible y entrañable. La economía de medios de Solís es, en realidad, una muestra de su madurez como artista: saber qué quitar para que lo que quede en la viñeta tenga el máximo impacto posible.
En conclusión, 'Cartucho y Patata' es una obra esencial para entender la evolución del cómic infantil en España. Es un testimonio de cómo la sencillez, cuando está respaldada por un talento narrativo de primer orden, puede dar como resultado una obra universal. No es solo un libro para que los niños aprendan a leer imágenes; es una invitación para que los adultos recuperen la capacidad de asombro y valoren la pureza de una narrativa que no necesita artificios para llegar al corazón. Fermín Solís ha logrado crear un universo donde el silencio es elocuente y donde cada viñeta es un recordatorio de que la mayor aventura siempre comienza en la puerta de casa, siempre que tengas a tu mejor amigo al lado.