Carne de Horca

*Carne de Horca*, publicada por Grafito Editorial, es una obra que se inserta con fuerza en la tradición del tebeo histórico español, pero lo hace alejándose de la épica romántica para abrazar un realismo sucio y descarnado. Guionizada por Aintzane Landa y dibujada por Pedro J. Colombo, esta novela gráfica funciona como un «western» crepuscular ambientado en la España de mediados del siglo XIX, específicamente en los paisajes abruptos y hostiles de Sierra Morena.

La trama nos sitúa en un contexto de miseria social y política, donde la supervivencia no es un derecho, sino una lucha diaria contra el hambre y la opresión. El relato sigue los pasos de un grupo de bandoleros, hombres que han sido empujados a los márgenes de la ley no por un deseo de aventura, sino por la absoluta falta de alternativas. El título de la obra es, en sí mismo, una declaración de intenciones: «carne de horca» es como se denominaba a aquellos cuyo destino final, marcado desde el nacimiento por su clase social, no podía ser otro que el patíbulo.

El protagonista de esta historia es Curro, un joven que, tras verse envuelto en un incidente violento en su pueblo, se ve obligado a huir hacia la sierra. Allí se integra en una partida de bandidos liderada por personajes curtidos en la crueldad del monte. A través de los ojos de Curro, el lector descubre que la vida del bandolero dista mucho de las leyendas de generosidad y heroísmo que la literatura romántica francesa e inglesa difundió sobre España. Aquí no hay robos a los ricos para dárselo a los pobres; hay frío, piojos, traiciones y el miedo constante a ser capturado por los destacamentos de la recién creada Guardia Civil.

Narrativamente, Aintzane Landa construye un guion sólido que maneja con precisión los tiempos del suspense y el drama humano. La historia no se limita a la acción física —que la hay, y es contundente—, sino que profundiza en la psicología de unos hombres que saben que su tiempo se agota. La tensión no solo proviene de la persecución de las autoridades, sino de las dinámicas internas del grupo, donde la lealtad es un lujo caro y la desesperación aflora en cada decisión.

El apartado visual de Pedro J. Colombo es, sencillamente, magistral y fundamental para la atmósfera de la obra. Su dibujo, detallado y expresivo, captura la aspereza del terreno y el cansancio en los rostros de los personajes. Colombo utiliza una narrativa visual cinematográfica, con una planificación de páginas que alterna grandes planos generales de la sierra —que funciona como un personaje más, opresivo y majestuoso a la vez— con primeros planos cargados de intención dramática. El uso del color (o su ausencia de estridencias) refuerza esa sensación de realismo histórico, alejándose de cualquier artificio que pueda suavizar la dureza del relato.

Uno de los mayores aciertos de *Carne de Horca* es su capacidad para desmitificar la figura del bandolero sin restarle interés humano. La obra reflexiona sobre la violencia como un ciclo infinito: la violencia del sistema genera parias, y estos parias solo conocen la violencia para responder al mundo. Es un retrato de una España negra, de caminos polvorientos y ventas de mala muerte, donde la justicia es un concepto abstracto y la muerte es la única certeza.

En conclusión, *Carne de Horca* es un cómic riguroso, bien documentado y ejecutado con una maestría técnica que lo sitúa entre lo mejor del género histórico actual. Es una lectura necesaria para quienes buscan historias maduras, donde el contexto histórico no es un simple decorado, sino el motor que tritura las vidas de sus protagonistas. Una obra que, sin necesidad de florituras, golpea al lector con la fuerza de una realidad que, aunque lejana en el tiempo, resu

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