Carmen y Travis es una de las piezas más singulares y audaces del cómic español contemporáneo, nacida de la colaboración entre dos figuras clave del medio: el guionista Hernán Migoya y el dibujante Albert Monteys. Publicada originalmente de forma serializada en la revista *El Jueves* a finales de los años noventa y principios de los dos mil, la obra se desmarca de la sátira política habitual de la publicación para adentrarse en los terrenos de la ciencia ficción erótica, la comedia de enredo y la crítica social ácida, todo bajo una estética retro-futurista impecable.
La premisa nos sitúa en un futuro lejano y tecnológicamente avanzado, donde los viajes intergalácticos y la convivencia con diversas razas alienígenas son la norma. Los protagonistas que dan nombre a la serie son una pareja de aventureros espaciales que recorren el cosmos enfrentándose a situaciones que oscilan entre lo absurdo y lo peligroso. Carmen es una mujer de fuerte personalidad, decidida y con una sexualidad liberada, que a menudo lleva la voz cantante en las misiones. Travis, por su parte, ejerce como el contrapunto ideal: un compañero que, aunque a veces parece más relajado o hedonista, forma con ella un equipo compenetrado capaz de salir airoso de los escenarios más bizarros de la galaxia.
Narrativamente, el cómic se estructura en episodios autoconclusivos que, sin embargo, van construyendo un universo coherente y rico en detalles. Migoya utiliza el escenario de la *space opera* no para contar grandes epopeyas de imperios galácticos, sino para poner el foco en las pulsiones humanas más básicas: el deseo, la ambición, el aburrimiento y la supervivencia. El componente erótico es fundamental en la obra, pero se trata con una naturalidad y un sentido del humor que evita caer en lo puramente gratuito. El sexo en *Carmen y Travis* es una herramienta narrativa más, utilizada para explorar la psicología de los personajes y para satirizar las convenciones morales de la sociedad, tanto la ficticia como la real.
El apartado visual es, sin duda, uno de los pilares que eleva esta obra a la categoría de culto. Albert Monteys, antes de su consagración definitiva con obras como *¡Universo!* o la adaptación de *Matadero Cinco*, despliega aquí un talento asombroso para el diseño de producción. Su estilo, que bebe de la claridad de la línea clara franco-belga pero con un dinamismo moderno, permite que cada planeta visitado y cada criatura presentada tengan una identidad visual única. El detallismo en la maquinaria, las naves espaciales y la arquitectura futurista contrasta con la expresividad casi caricaturesca de los rostros, lo que refuerza el tono de comedia sofisticada que impregna el guion.
A lo largo de sus páginas, el lector se encuentra con una crítica mordaz a las instituciones. A través de las peripecias de la pareja, los autores diseccionan temas como la burocracia interestelar, el fanatismo religioso, el consumismo desenfrenado y las dinámicas de poder en las relaciones de pareja. No hay vacas sagradas en el universo de *Carmen y Travis*; todo es susceptible de ser pasado por el tamiz de la ironía.
En definitiva, *Carmen y Travis* es un cómic que desafía las etiquetas sencillas. Es una obra de ciencia ficción imaginativa que no descuida el desarrollo de personajes, una comedia de adultos que utiliza el erotismo como vehículo de sátira y un despliegue gráfico de primer nivel. Para el lector interesado en la evolución del cómic español, representa un momento de libertad creativa absoluta donde dos autores en estado de gracia decidieron explorar los límites del género fantástico con inteligencia, picardía y un amor evidente por el medio. Es una lectura imprescindible para entender cómo la historieta puede ser, al mismo tiempo, profundamente entretenida y sutilmente subversiva.