Capuchino, la obra de Felipe Almendros publicada por Reservoir Books, representa la culminación de una de las propuestas más arriesgadas, crudas y personales del cómic español contemporáneo. Tras el impacto de sus obras anteriores, *RIP* y *SOS*, el autor cierra con este volumen una suerte de trilogía involuntaria sobre el duelo, la pérdida y la reconstrucción del yo a través del dibujo. En esta entrega, Almendros no solo profundiza en su particular estilo narrativo, sino que expande los límites de la autoficción para entregar un relato que es, a la vez, un exorcismo emocional y un ejercicio de vanguardia visual.
La trama de *Capuchino* arranca en un punto de inflexión vital: la muerte del padre del protagonista (un alter ego del propio autor). Este suceso actúa como el motor inmóvil que desencadena una huida hacia adelante, o quizás hacia adentro. El protagonista decide retirarse a la casa familiar en un entorno rural, buscando un aislamiento que le permita procesar el vacío dejado por la ausencia. Es en este escenario de soledad y silencio donde aparece la figura que da título a la obra: Capuchino, un perro que se convierte en el eje gravitacional del relato. Sin embargo, Capuchino no es solo una mascota; es un símbolo, un espejo y, en ocasiones, un guía en un territorio donde la realidad y la alucinación comienzan a desdibujarse.
Desde una perspectiva técnica, el cómic se aleja de cualquier convencionalismo académico. Almendros utiliza un trazo que bebe directamente del *underground*, caracterizado por una aparente fealdad o "feísmo" que, en realidad, es una herramienta de honestidad brutal. No hay espacio para el adorno innecesario. El dibujo es nervioso, a veces esquemático y otras veces abrumadoramente denso, reflejando fielmente el estado psicológico del narrador. El uso del blanco y negro es absoluto, aprovechando el contraste para generar atmósferas opresivas o espacios de vacío que simbolizan la desorientación existencial.
Uno de los pilares fundamentales de *Capuchino* es su naturaleza metaficcional. El cómic no solo narra una historia de duelo, sino que narra el proceso de creación del propio cómic. El lector es testigo de cómo el autor lucha con la página en blanco, cómo cuestiona su propia capacidad para representar el dolor y cómo el acto de dibujar se convierte en la única herramienta posible para no sucumbir al abismo. Esta dimensión metanarrativa eleva la obra por encima de la simple anécdota biográfica, convirtiéndola en una reflexión profunda sobre el arte como mecanismo de supervivencia.
El ritmo de la obra es pausado, casi contemplativo, pero cargado de una tensión latente. Almendros maneja los tiempos con maestría, alternando secuencias de un costumbrismo casi asfixiante con pasajes oníricos y surrealistas. La relación entre el protagonista y el perro Capuchino evoluciona de forma orgánica, sirviendo como ancla emocional en un mar de incertidumbre. A través de sus interacciones, el autor explora temas universales como la herencia familiar, el peso de las expectativas no cumplidas y la dificultad de encontrar un lugar en el mundo cuando los referentes principales desaparecen.
Sin caer en el sentimentalismo fácil, *Capuchino* logra conectar con el lector mediante una vulnerabilidad expuesta sin filtros. Es un cómic que exige una participación activa; no ofrece respuestas masticadas ni consuelos artificiales. En su lugar, invita a transitar por el laberinto de la memoria y el presente, donde cada viñeta parece un fragmento de una psique en proceso de reparación.
En conclusión, *Capuchino* se consolida como una pieza esencial para entender el cómic de autor actual en España. Felipe Almendros demuestra que el noveno arte es un vehículo capaz de soportar el peso de las emociones más complejas, utilizando un lenguaje visual propio que desafía las estructuras tradicionales. Es una obra sobre el final de una etapa y el inicio de otra, sobre la aceptación de la orfandad y, sobre todo, sobre la capacidad redentora de la creación artística frente a la inevitabilidad de la muerte. Un cierre magistral para un ciclo narrativo que marca un hito en la trayectoria de su autor.