Capitán Hard, la obra de Magius (Diego Núñez) publicada por Autsaider Cómics, representa una de las incursiones más ácidas y descarnadas de la narrativa gráfica española contemporánea en el terreno de la sátira política y el género de "justicieros". Tras el éxito crítico de obras como *Primavera para Madrid* (Premio Nacional del Cómic 2021) y *El método Gemini*, Magius recupera a un personaje que ya habitaba en sus fanzines de los años noventa para recontextualizarlo en una España distópica, pero incómodamente reconocible, donde las cloacas del Estado y el delirio nacionalista convergen en una figura autoritaria.
La trama se articula en torno a la figura del Capitán Hard, un trasunto de superhéroe o justiciero que encarna los valores más reaccionarios, castizos y violentos de una identidad nacional llevada al paroxismo. No estamos ante el héroe clásico que busca el bien común, sino ante un agente del orden —o más bien, de un orden muy específico— que opera en los márgenes de la legalidad para preservar las estructuras de poder tradicionales. El cómic no se limita a narrar una sucesión de enfrentamientos físicos, sino que construye un complejo entramado de conspiraciones que involucran a la alta política, la aristocracia, las fuerzas de seguridad y los poderes fácticos que operan en la sombra.
El escenario de la obra es una España transformada en un tablero de juego para el "Deep State". Magius utiliza al Capitán Hard como el brazo ejecutor de una élite que no duda en recurrir a la violencia extrema para silenciar cualquier disidencia o amenaza al statu quo. A través de sus páginas, el lector asiste a una radiografía de la corrupción sistémica, donde los límites entre el crimen organizado y la gestión pública se han disuelto por completo. La narrativa avanza mediante una estructura episódica que, sin embargo, compone un fresco totalizador sobre la naturaleza del poder y la mitología de la "mano dura".
Visualmente, *Capitán Hard* mantiene el estilo distintivo de Magius: un dibujo en blanco y negro, denso, de trazo grueso y deliberadamente feísta que bebe directamente del fanzine underground y del expresionismo. El autor renuncia a la espectacularidad visual del cómic de superhéroes estadounidense para centrarse en una iconografía cargada de simbolismo esotérico, heráldica y referencias religiosas. El diseño del protagonista, con su máscara y su presencia imponente, funciona como un tótem de terror estatal; es una presencia que no busca la empatía del lector, sino que actúa como un espejo deformante de las pulsiones autoritarias de la sociedad.
Uno de los pilares fundamentales de la obra es su capacidad para deconstruir el mito del salvador. Mientras que en el cómic convencional el vigilante suele ser una respuesta a la ineficacia del sistema, el Capitán Hard es el sistema mismo manifestándose en su forma más pura y violenta. La obra explora temas como la manipulación mediática, el uso del miedo como herramienta de control social y la construcción de enemigos internos para justificar el estado de excepción permanente.
Sin caer en el panfleto, Magius logra que la lectura sea una experiencia asfixiante y cínica. El humor, cuando aparece, es negro y gélido, derivado de la absurdidad de las situaciones y de la solemnidad con la que los personajes cometen atrocidades en nombre de la patria o la tradición. El cómic no ofrece soluciones morales ni redenciones; se limita a exponer los mecanismos de una maquinaria de poder que se retroalimenta de su propia decadencia.
En definitiva, *Capitán Hard* es una pieza esencial para entender la evolución del cómic de autor en España. Es una obra que desafía las convenciones del género de aventuras para transformarlo en un ensayo gráfico sobre la herencia del autoritarismo y la vigencia de las estructuras de control que subyacen bajo la superficie de la democracia moderna. Magius confirma con este título su posición como el cronista más implacable de las sombras de la realidad española, utilizando la ficción especulativa para señalar verdades que la narrativa convencional a menudo prefiere ignorar.