Bululum y Guiliguili

Bululum y Guiliguili representa uno de los hitos más frescos y dinámicos del cómic de humor español de la década de los 90. Creada por el historietista Juan Carlos Cera, conocido simplemente como Cera, esta obra se consolidó en las páginas de la revista *Zipi y Zape* de Ediciones B, compartiendo espacio con otros grandes nombres de la época. La serie es un ejercicio de creatividad desbordante que hereda la tradición del *slapstick* y la escuela Bruguera, pero la tamiza a través de una estética moderna, gamberra y visualmente impactante.

La premisa de la obra se asienta sobre la clásica estructura de la "extraña pareja", un recurso narrativo que Cera explota con maestría para generar situaciones de un absurdo absoluto. Los protagonistas son dos personajes de naturalezas opuestas que se ven forzados a convivir y a enfrentarse a las situaciones más disparatadas. Por un lado, tenemos a Bululum, un ser humano de proporciones hercúleas, dotado de una fuerza física descomunal pero de una ingenuidad y una lentitud mental que lo convierten en el blanco perfecto para los enredos. Bululum es el músculo del dúo, un gigante bondadoso cuya principal característica es su capacidad para destruir involuntariamente todo lo que le rodea debido a su torpeza.

Por otro lado, encontramos a Guiliguili, una criatura pequeña, de color verde y aspecto vagamente alienígena o fantástico, que ejerce como el cerebro (o más bien, el instigador) del grupo. Guiliguili es astuto, travieso, cínico y posee una energía inagotable. A diferencia de Bululum, su motor no es la fuerza, sino la picardía y una curiosidad que a menudo raya en la imprudencia. La dinámica entre ambos es el motor de la serie: Guiliguili suele meter a la pareja en problemas debido a sus planes descabellados o a su incapacidad para estarse quieto, mientras que Bululum intenta, a su manera torpe, resolver la situación o simplemente sobrellevar las consecuencias físicas de los desastres que provocan.

Desde el punto de vista artístico, *Bululum y Guiliguili* es un despliegue de la capacidad técnica de Cera. El dibujo es extremadamente elástico y cinético; los personajes parecen estar en constante movimiento incluso en las viñetas estáticas. Cera utiliza un estilo de línea limpia pero cargada de detalles en los fondos y en las expresiones faciales, que son fundamentales para el humor de la obra. Las deformaciones físicas, los ojos que se salen de las órbitas y las onomatopeyas integradas en la acción son señas de identidad que remiten al mejor dibujo animado clásico, pero con un toque de "feísmo" controlado y underground que era muy propio de los autores que renovaron el cómic infantil-juvenil en los 90.

El guion de las historietas suele ser autoconclusivo, con tramas que escalan rápidamente desde la cotidianidad hacia el caos más absoluto. No hay límites para el escenario de sus aventuras: pueden estar en un entorno urbano común, en la selva o en situaciones de ciencia ficción. Lo que importa no es el "dónde", sino el "cómo" interactúan estos dos polos opuestos con su entorno. El humor no se basa solo en el diálogo —que es rápido y lleno de juegos de palabras— sino, sobre todo, en la narrativa visual. Cera es un maestro del *timing* cómico, sabiendo exactamente cuándo dilatar una escena para maximizar el impacto del gag final.

Otro aspecto relevante es la ausencia de una lógica convencional. En el mundo de *Bululum y Guiliguili*, las leyes de la física son opcionales y están al servicio de la risa. Esta libertad creativa permite que el cómic mantenga un ritmo frenético que nunca aburre al lector. A pesar de ser una obra dirigida inicialmente a un público joven, posee capas de lectura que un adulto puede disfrutar, especialmente en lo que respecta a la sátira de ciertos comportamientos sociales y la crítica velada a la autoridad, representada a menudo por personajes secundarios que intentan imponer un orden que los protagonistas rompen sistemáticamente.

En resumen, *Bululum y Guiliguili* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de humor en España tras el cierre de la editorial Bruguera. Es una obra que celebra el caos, la amistad improbable y el poder de la imagen para contar historias donde la lógica es el enemigo y la diversión es la única regla sagrada. Para cualquier estudioso o aficionado al noveno arte, redescubrir las páginas de Cera es encontrarse con un autor en la cima de sus facultades creativas, capaz de convertir una premisa sencilla en un festival de ingenio visual.

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