Browning & Cooper es una de las propuestas más singulares y refrescantes que han surgido en el panorama del cómic británico contemporáneo, específicamente dentro del ecosistema de tiras cómicas vinculadas a la revista *Doctor Who Magazine*. Escrita por Gareth Roberts e ilustrada por Nick Roche, esta obra se aleja de la narrativa convencional de superhéroes o de la ciencia ficción épica para abrazar un género muy específico: el drama policial británico de los años 70, pero pasado por el tamiz de lo fantástico y lo extraterrestre.
La premisa de la obra nos sitúa en una versión alternativa del Londres de la década de 1970. El ambiente está impregnado de la estética "gritty" y urbana de series clásicas como *The Sweeney* o *The Professionals*. En este escenario conocemos a los protagonistas: el inspector jefe Browning y su sargento, Cooper. A primera vista, parecen el arquetipo del dúo de "buddy cops": Browning es el veterano endurecido, cínico, de métodos directos y poco dado a las sutilezas modernas; Cooper, por su parte, representa la cara más joven, quizás más adaptable, pero siempre bajo la sombra jerárquica de su superior.
Lo que diferencia a *Browning & Cooper* de cualquier otro procedimental policial es su contexto narrativo. Ambos trabajan para una división especial encargada de lidiar con amenazas que escapan a la comprensión humana convencional. Aunque la serie habita el universo de *Doctor Who* (específicamente vinculada a la era de la organización UNIT), funciona de manera totalmente autónoma. Aquí, los enemigos no son simples criminales de los bajos fondos londinenses, sino incursiones alienígenas, tecnología fuera de control y anomalías temporales que amenazan la seguridad nacional.
El guion de Gareth Roberts destaca por un manejo magistral del diálogo. La interacción entre los protagonistas es el motor de la historia; Browning posee una voz narrativa cargada de un humor seco y típicamente británico, capaz de despachar una invasión interdimensional con la misma flema con la que pediría una taza de té en la comisaría. Esta yuxtaposición entre lo mundano (la burocracia policial, el humo de los cigarrillos, los coches Ford Granada) y lo extraordinario (robots, rayos desintegradores, naves espaciales) es donde el cómic encuentra su identidad más fuerte.
En el apartado visual, Nick Roche realiza un trabajo excepcional que eleva la narrativa. Su estilo, caracterizado por un dinamismo vibrante y una expresividad facial muy acentuada, permite que la comedia física y la tensión dramática coexistan en la misma página. Roche logra capt