Brío

'Brío', la obra de María Medem publicada por Blackie Books, representa uno de los hitos más significativos del cómic contemporáneo español y una consolidación de la narrativa gráfica como una experiencia puramente sensorial. Como experto en el medio, es imperativo abordar esta obra no solo como una sucesión de viñetas, sino como un artefacto visual que desafía las convenciones del ritmo y la estructura narrativa tradicional para sumergir al lector en un estado de contemplación casi hipnótico.

La premisa de 'Brío' nos sitúa en un mundo que parece regirse por leyes físicas y cromáticas distintas a las nuestras. La protagonista habita un entorno donde la luz y el color no son meros accidentes geográficos o meteorológicos, sino la materia prima de la existencia. Ella trabaja en una suerte de taller o factoría dedicada a la creación y manipulación de pigmentos y luces, una labor que Medem retrata con una parsimonia ritualística. La rutina de la protagonista se ve alterada por una pulsión interna, un deseo de exploración que la empuja a abandonar la seguridad de su entorno conocido para adentrarse en un paisaje vasto, desértico y profundamente simbólico.

El núcleo narrativo de la obra es el viaje. Sin embargo, no estamos ante una epopeya de acción, sino ante una travesía introspectiva. A medida que la protagonista avanza por escenarios que oscilan entre la abstracción geométrica y el surrealismo onírico, el cómic explora la relación entre el individuo y el espacio que ocupa. La búsqueda de "algo" —que el lector debe interpretar a través de las sensaciones que transmiten las páginas— se convierte en el motor de una trama que prescinde casi por completo del diálogo para confiar todo su peso en la elocuencia de la imagen.

Desde un punto de vista técnico y artístico, 'Brío' es una lección magistral sobre el uso del color narrativo. Medem emplea una paleta de degradados vibrantes que no solo indican el paso del tiempo o el cambio de atmósfera, sino que actúan como el estado emocional de la obra. Los rosas, naranjas y azules eléctricos no son decorativos; son el lenguaje con el que la autora construye la tensión y el alivio. La composición de la página en 'Brío' rompe con la rejilla clásica para jugar con la repetición de motivos y la dilatación del tiempo. Medem utiliza la técnica de la repetición de figuras en un mismo escenario para mostrar el movimiento y la quietud de forma simultánea, obligando al lector a ralentizar su lectura y a observar los matices de cada transición.

El silencio es otro de los pilares fundamentales de este cómic. La ausencia de texto de apoyo o globos de diálogo innecesarios permite que el diseño de sonido visual —el viento, el roce de los materiales, el eco de los pasos en la arquitectura imposible— resuene en la mente del lector. Esta economía verbal potencia la universalidad de la historia, convirtiendo la experiencia de la protagonista en un espejo de la soledad, la curiosidad y la resiliencia humana.

Temáticamente, 'Brío' profundiza en la idea de la percepción y la creación. Es una obra que reflexiona sobre cómo vemos el mundo y cómo esa mirada transforma la realidad. La protagonista, al interactuar con los elementos de su entorno, no solo los observa, sino que los modifica, sugiriendo que la identidad es un proceso de intercambio constante con el exterior. La obra también aborda la fragilidad de la belleza y la importancia de los procesos por encima de los resultados finales.

En conclusión, 'Brío' es una pieza indispensable para entender hacia dónde se dirige el cómic de vanguardia. María Medem ha logrado crear un universo con una identidad visual inconfundible, donde la narrativa se expande a través de la sinestesia.

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