Boro Kay

Boro Kay: El Renacer de la Aventura Clásica bajo el Pincel de Sento

En el panorama del cómic contemporáneo español, pocos nombres resuenan con la autoridad y la elegancia de Vicent Llobell Bisbal, mundialmente conocido como Sento. Tras alcanzar el cénit de la narrativa histórica con su aclamada trilogía sobre la Guerra Civil (basada en las memorias de Pablo Uriel), el maestro valenciano nos sorprende con *Boro Kay*, una obra que no es solo un cómic, sino una carta de amor vibrante y sofisticada al género de aventuras que definió a toda una generación de lectores.

*Boro Kay* se presenta como un ejercicio de arqueología emocional y creativa. La premisa nos transporta a una época dorada, a medio camino entre los años 40 y 50, donde el mundo aún conservaba rincones inexplorados y el peligro acechaba tras cada frontera exótica. El protagonista, que da nombre a la obra, es la encarnación del héroe clásico: un hombre de acción, dotado de una integridad inquebrantable y una curiosidad insaciable, que se ve envuelto en una trama de intriga internacional que lo llevará desde los despachos donde se decide el destino de las naciones hasta los escenarios más salvajes y remotos del planeta.

La sinopsis nos sitúa en un contexto de posguerra, un tablero de ajedrez geopolítico donde las sombras del pasado aún no se han disipado del todo. Boro Kay, un aventurero con un pasado misterioso y habilidades que sugieren un entrenamiento de élite, recibe un encargo que parece rutinario pero que pronto se revela como el primer hilo de una madeja mucho más compleja. Sin caer en el destripe de la trama, podemos decir que la historia se construye sobre los pilares del *pulp* más refinado: desapariciones inexplicables, sociedades secretas con planes anacrónicos y la búsqueda de un conocimiento que podría cambiar el equilibrio de poder en el mundo moderno.

Lo que hace que *Boro Kay* destaque por encima de otros ejercicios de nostalgia es la maestría técnica de Sento. Como experto, es imposible no maravillarse ante su uso de la "Línea Clara", esa herencia de la escuela franco-belga que él tamiza a través de la sensibilidad de la Nueva Escuela Valenciana. El dibujo es limpio, dinámico y de una legibilidad asombrosa, pero está dotado de una profundidad atmosférica que solo un veterano del medio puede lograr. El color no es un mero acompañamiento; es una herramienta narrativa que define el estado de ánimo de cada viñeta, pasando de los tonos ocres y polvorientos de las regiones desérticas a los azules gélidos de las intrigas nocturnas.

Sento no se limita a imitar los tebeos de aventuras de su infancia; los deconstruye y los eleva. En *Boro Kay*, el ritmo narrativo es cinematográfico, con una planificación de página que guía al lector de forma orgánica a través de la acción. A diferencia de los héroes bidimensionales de antaño, Boro Kay posee una humanidad palpable. Sus dudas, su cansancio y su sentido del deber lo alejan del superhombre invulnerable para acercarlo a un arquetipo más cercano al de un Indiana Jones o un Tintín maduro, alguien que

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