Bogart, la obra gestada por el guionista francés Claude Moliterni y el dibujante argentino Walter Fahrer, representa uno de los ejercicios de estilo más depurados y fascinantes del cómic europeo de finales de los años 70 y principios de los 80. Publicada originalmente en Francia por Dargaud y difundida en España a través de cabeceras emblemáticas como *Cimoc* o la colección *Bumerang*, esta serie no es simplemente una historieta de detectives, sino un tributo consciente, casi devocional, a la mitología del cine negro clásico y a la figura icónica de Humphrey Bogart.
La premisa de la obra se asienta sobre un juego metaficcional: el protagonista no es el actor histórico en un sentido biográfico, sino un trasunto, un detective privado que habita un universo donde la frontera entre la realidad de las viñetas y la ficción del celuloide es deliberadamente difusa. Ambientada en la California de los años 40 y 50, la narrativa nos sumerge en un Los Ángeles nocturno, lluvioso y cínico, donde el glamour de los grandes estudios de Hollywood convive con la sordidez de los callejones y la corrupción institucional.
Desde el punto de vista del guion, Moliterni —quien fuera una figura clave en la crítica y divulgación del cómic en Europa— despliega un conocimiento enciclopédico de los tropos del género *hardboiled*. La estructura de los casos sigue los cánones establecidos por maestros como Raymond Chandler o Dashiell Hammett: el cliente que oculta más de lo que revela, la *femme fatale* de intenciones ambiguas, el policía cansado que respeta a regañadientes la ética del protagonista y una red de intereses que siempre conduce a las altas esferas del poder. Sin embargo, lo que eleva a Bogart por encima del pastiche es su tono melancólico. Hay una sensación de anacronismo buscado; el protagonista parece ser consciente de que es el último representante de un código de honor en vías de extinción.
El apartado visual de Walter Fahrer es, sin lugar a dudas, el pilar que sostiene la atmósfera de la obra. Fahrer realiza un trabajo de documentación y composición cinematográfica excepcional. Su dibujo se caracteriza por un realismo meticuloso que captura con precisión la fisonomía del actor, pero sin caer en la rigidez de la copia fotográfica. El uso del claroscuro es magistral, heredero directo de la iluminación expresionista del cine negro de directores como John Huston o Howard Hawks. Las sombras no solo decoran, sino que narran; ocultan rostros, subrayan la soledad del detective y fragmentan el espacio de la viñeta para generar una tensión constante.
La puesta en escena de Fahrer destaca por su capacidad para recrear la arquitectura de la época: las oficinas polvorientas con ventiladores de techo, los clubes de jazz envueltos en humo de tabaco y los muelles neblinosos. El ritmo narrativo es pausado, permitiendo que el lector se empape del ambiente antes de que estalle la violencia, la cual es retratada de forma seca y contundente, sin concesiones al espectáculo gratuito.
Otro aspecto fundamental de Bogart es su tratamiento del diálogo. Moliterni utiliza una voz en off que funciona como el monólogo interior clásico del género, cargado de metáforas cortantes y un pesimismo existencial que define al personaje. El protagonista se mueve por la trama con una mezcla de cansancio y determinación, aceptando casos que a menudo le reportan más problemas éticos que beneficios económicos.
En conclusión, Bogart es una obra imprescindible para entender la madurez del cómic de género en Europa. Es una pieza que apela tanto al amante del noveno arte como al cinéfilo, logrando una simbiosis perfecta entre la narrativa dibujada y la estética cinematográfica. Moliterni y Fahrer no solo crearon un cómic de detectives; construyeron un mausoleo de papel y tinta para un mito, logrando que el lector sienta, en cada página, el aroma a bourbon, el frío de la lluvia sobre la gabardina y la inevitable soledad de un hombre que se niega a dejar de ser un héroe en un mundo que ya no los necesita. Es una lectura que exige atención al detalle y que recompensa con una de las atmósferas más logradas de la historia del medio.