Hablar de 'Bob y Bobet' (título original en neerlandés: *Suske en Wiske*) es adentrarse en uno de los pilares fundamentales de la historieta europea y, sin duda, en el fenómeno más grande del cómic belga de la escuela flamenca. Creada por el prolífico Willy Vandersteen en 1945, esta serie no es solo una sucesión de aventuras, sino un espejo de la evolución social de Europa durante más de medio siglo, combinando con maestría el humor, la fantasía, la ciencia ficción y el costumbrismo.
La premisa de la serie gira en torno a un grupo de personajes que, sin ser una familia biológica en su totalidad, funcionan como una unidad inquebrantable. Los protagonistas que dan nombre a la obra en español son Bobet (Wiske), una niña audaz, algo testaruda y de gran corazón, siempre acompañada por su inseparable muñeca de trapo, Fanfreluche; y Bob (Suske), un joven valiente y noble que se une a la familia tras una de sus primeras aventuras en la isla de Amoras. Juntos representan la curiosidad y la energía de la juventud, pero el universo de Vandersteen no estaría completo sin su elenco de secundarios, que elevan la obra a una categoría superior.
Entre ellos destaca la Tía Sidonia, una mujer alta, delgada y de carácter fuerte que actúa como figura materna y eje emocional del grupo. A ella se suman dos de los personajes más icónicos del cómic mundial: Lambique, un hombre calvo, vanidoso, torpe y profundamente humano, cuyas debilidades suelen ser el motor de muchos conflictos cómicos; y Jerónimo (Jerom), un hombre de fuerza sobrehumana y pocas palabras que inicialmente aparece como un antagonista salvaje para terminar convirtiéndose en el protector definitivo del equipo. Finalmente, el Profesor Barabás aporta el elemento científico, proveyendo al grupo de inventos asombrosos, siendo el más famoso su máquina del tiempo.
Lo que hace que 'Bob y Bobet' sea una lectura imprescindible para cualquier amante del noveno arte es la versatilidad de sus tramas. Vandersteen no se impuso límites creativos. En un álbum, los protagonistas pueden estar viajando al pasado para resolver un misterio histórico en la Brujas del siglo XVI; en el siguiente, pueden encontrarse en una odisea espacial o enfrentándose a leyendas del folclore local que cobran vida en la actualidad. Esta capacidad de saltar entre géneros —del suspense detectivesco a la sátira social, pasando por la fantasía pura— permite que la serie mantenga una frescura constante.
El tono de las aventuras es otro de sus grandes aciertos. Aunque el público objetivo inicial es juvenil, el guion suele incluir capas de lectura para adultos, con críticas sutiles a la política, el consumismo o la destrucción del medio ambiente. Hay un equilibrio perfecto entre la acción trepidante y el humor *slapstick* (especialmente a través de las desventuras de Lambique), pero siempre bajo un manto de valores humanistas como la lealtad, la justicia y la solidaridad.
Visualmente, 'Bob y Bobet' es el máximo exponente del estilo que Vandersteen perfeccionó: una línea clara dinámica, heredera de Hergé pero con una vitalidad y una expresividad más acentuada en los rostros y el movimiento. Los escenarios están detallados con una precisión arquitectónica que sumerge al lector en cada localización, ya sea un castillo medieval, un laboratorio futurista o las calles de una ciudad contemporánea.
En resumen, leer 'Bob y Bobet' es embarcarse en un viaje sin fin donde lo imposible se vuelve cotidiano. Es una obra que celebra la imaginación desbordante y que, a pesar de las décadas transcurridas desde su nacimiento, sigue conservando esa chispa mágica que invita a lectores de todas las edades a soñar con que, a la vuelta de la esquina, nos espera una aventura extraordinaria junto a un grupo de amigos que nunca se rinden. Es, en definitiva, un clásico imperecedero que define lo que significa la aventura en el mundo del cómic.