Blas

Blas, la obra de la autora gallega Xulia Vicente publicada por Ediciones La Cúpula, se erige como una de las propuestas más introspectivas y visualmente magnéticas del panorama del cómic nacional contemporáneo. En esta novela gráfica, Vicente abandona los entornos urbanos o de fantasía épica para sumergirse en un drama rural con tintes de realismo mágico, donde la atmósfera pesa tanto como el diálogo y donde el silencio se convierte en una herramienta narrativa fundamental.

La historia se sitúa en una aldea remota, un entorno marcado por la decadencia de lo rural, el aislamiento y la rigidez de las tradiciones no escritas. El protagonista que da nombre a la obra, Blas, es un joven que habita en los márgenes de su propia comunidad. No es un paria absoluto, pero sí alguien que no termina de encajar en los engranajes de un pueblo donde la mirada del vecino es el principal mecanismo de control social. Blas vive una existencia monótona y contenida, marcada por una sensibilidad que choca frontalmente con la aspereza del entorno y las expectativas de masculinidad o productividad que imperan en su círculo familiar y social.

El punto de inflexión de la trama se produce con la aparición de un elemento disruptor: una criatura extraña, un ser que desafía la lógica cotidiana y que Blas encuentra en los alrededores del pueblo. Lejos de recurrir a los tropos habituales del terror o la ciencia ficción convencional, Xulia Vicente utiliza a este "monstruo" como un catalizador psicológico. La presencia de este ser no solo altera la rutina de Blas, sino que actúa como un espejo que refleja las carencias, los miedos y los deseos reprimidos del protagonista. La relación que se establece entre ambos es el núcleo emocional de la obra, explorando la necesidad de conexión y la fascinación por lo "otro" en un mundo que castiga la diferencia.

Desde el punto de vista temático, *Blas* es una disección sobre la soledad y la búsqueda de identidad en la adolescencia tardía. La autora profundiza en cómo el entorno geográfico puede convertirse en una cárcel emocional. El pueblo no es solo un escenario, sino un personaje más, opresivo y vigilante, que contrasta con la libertad salvaje y ambigua que representa el bosque y la criatura que en él habita. La obra aborda la otredad no desde el conflicto externo, sino desde la asimilación interna: ¿qué ocurre cuando lo que consideramos monstruoso es lo único que nos permite entendernos a nosotros mismos?

En el apartado técnico y artístico, Xulia Vicente demuestra una madurez narrativa excepcional. Su dibujo, de trazo fluido y orgánico, destaca por una expresividad contenida en los rostros y una gran atención al lenguaje corporal. La narrativa visual de *Blas* se apoya en composiciones de página que juegan con el ritmo; hay secuencias mudas de una gran potencia lírica donde el entorno natural cobra un protagonismo absoluto. El uso del color es, quizás, el elemento más distintivo de la obra. Vicente emplea una paleta cromática limitada pero sumamente evocadora, utilizando tonos que transitan entre los violetas, azules y naranjas para delimitar estados de ánimo y separar la realidad tangible de la atmósfera onírica que envuelve los encuentros con la criatura.

El cómic evita las explicaciones masticadas y los finales cerrados de forma convencional. En su lugar, invita al lector a habitar la incertidumbre de Blas. No se nos explica el origen del ser ni se busca una justificación lógica para su existencia; lo que importa es el impacto que su presencia genera en la psique del protagonista y cómo este evento extraordinario le obliga a enfrentarse a la inercia de su propia vida.

En conclusión, *Blas* es un ejercicio de costumbrismo mágico que destaca por su sensibilidad y su capacidad para generar una atmósfera envolvente. Es una obra que habla sobre la incomunicación, el peso de la herencia rural y la belleza que puede hallarse en lo anómalo. Xulia Vicente consolida con este título su posición como una de las voces más personales y necesarias del cómic actual, ofreciendo un relato que, bajo una premisa aparentemente sencilla, esconde múltiples capas de lectura sobre la condición humana y la necesidad de encontrar un lugar propio en un mundo que parece haber sido diseñado por otros.

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