Warren Ellis es un autor que ha cimentado su carrera sobre la exploración de los límites de la ética, la tecnología y, de manera muy prominente, la depravación humana. En *Blackgas Vol. 2*, publicado por Avatar Press, Ellis retoma la pesadilla iniciada en el primer volumen para llevarla a su conclusión lógica y devastadora. Este cómic no es solo una historia de supervivencia o un relato de terror convencional; es un ejercicio de nihilismo puro que utiliza el lenguaje del horror visceral para diseccionar el colapso de la civilización en un entorno microscópico.
La premisa de la serie se centra en una pequeña isla donde un evento geológico libera un gas negro antiguo y tóxico. A diferencia de los tropos habituales del género de zombis, donde las víctimas pierden la conciencia o se convierten en autómatas hambrientos, el gas de Ellis produce un efecto mucho más perturbador: los afectados conservan su inteligencia, sus recuerdos y su capacidad de habla, pero pierden cualquier rastro de empatía, moralidad o restricción social. Se convierten en sociópatas hiperviolentos que encuentran un placer absoluto en el canibalismo y la tortura.
*Blackgas Vol. 2* comienza inmediatamente después de los eventos catastróficos del primer arco. La isla ya no es un lugar de escape, sino una trampa mortal donde los pocos supervivientes que quedan deben navegar por un paisaje de pesadilla. El guion de Ellis se aleja de la exposición innecesaria para centrarse en la urgencia del momento. La narrativa es directa y brutal, despojada de cualquier pretensión de heroísmo. Aquí, la supervivencia no se logra mediante actos de valentía, sino a través de la suerte ciega y la capacidad de descender al mismo nivel de salvajismo que los infectados.
Uno de los puntos más fuertes de este segundo volumen es cómo profundiza en la psicología de la infección. Ellis utiliza a los antagonistas para lanzar diálogos cargados de una crueldad lúcida. Al mantener su intelecto, los infectados pueden burlarse de sus víctimas, explicar por qué están haciendo lo que hacen y disfrutar del terror psicológico tanto como del daño físico. Esta característica eleva a *Blackgas* por encima de otros cómics de horror de la época, ya que el miedo no proviene solo de la posibilidad de ser devorado, sino de la comprensión de que la humanidad es apenas una capa delgada que puede ser eliminada por un agente químico, revelando un núcleo de maldad pura.
El apartado visual, a cargo de Max Fiumara, es esencial para la efectividad de la obra. Fiumara logra capturar la atmósfera opresiva y sucia que requiere el guion de Ellis. Su estilo, detallado pero con un uso magistral de las sombras, acentúa la deformidad de los actos que se representan en las viñetas. El diseño de los infectados es particularmente efectivo; no parecen monstruos de otro mundo, sino personas comunes cuyos rostros están desencajados por una euforia maníaca y sangrienta. La violencia en *Blackgas Vol. 2* es explícita y gráfica, fiel al estilo de Avatar Press, pero nunca se siente gratuita dentro del contexto de la historia; sirve para subrayar la desesperación absoluta de la situación.
A medida que la trama avanza hacia su clímax, Ellis explora la idea de la inevitabilidad. El volumen 2 trata sobre el cierre de las salidas. La sensación de claustrofobia aumenta a pesar de que la acción ocurre en espacios abiertos o en las calles de la isla. No hay un lugar seguro porque el enemigo es omnipresente y, lo que es peor, es impredecible debido a su inteligencia preservada. El autor evita los finales complacientes, manteniendo la coherencia con el tono sombrío establecido desde la primera página del proyecto.
En conclusión, *Blackgas Vol. 2* es una obra fundamental para los seguidores del horror extremo y para aquellos que buscan una vuelta de tuerca inteligente al subgénero de la infección masiva. Warren Ellis y Max Fiumara entregan un relato que es tanto un asalto a los sentidos como una reflexión incómoda sobre la fragilidad de la condición humana. Es un cómic que no busca agradar, sino impactar, dejando al lector con una sensación de inquietud que perdura mucho después de haber cerrado el tomo. Es el cierre de una de las visiones más oscuras y honestas sobre el fin del orden social que se han escrito en el medio.