Bill Kansas

Bill Kansas: El eco de la aventura clásica en la pluma de Paco Roca

Para entender el alcance de *Bill Kansas*, es necesario despojarse primero de la imagen del Paco Roca contemporáneo, aquel autor consagrado de la novela gráfica intimista y social como *Arrugas* o *La casa*. En esta obra, nos encontramos con un autor joven, vibrante y profundamente enamorado de los códigos del género de aventuras y el *noir* más clásico. *Bill Kansas* no es solo un cómic; es una carta de amor a una forma de entender la ficción que parece haberse desvanecido con el siglo XX, pero que aquí recupera todo su brillo y melancolía.

La historia nos sitúa en una atmósfera que evoca inmediatamente las décadas centrales del siglo pasado. El protagonista, que da nombre a la obra, es un hombre que encaja a la perfección en el arquetipo del héroe errante, aquel que arrastra un pasado difuso y cuya brújula moral, aunque algo oxidada por el cinismo, siempre termina señalando hacia el lugar correcto. Bill Kansas es un aventurero de los que ya no quedan: un tipo que se mueve entre puertos neblinosos, hoteles de mala muerte y destinos exóticos con la naturalidad de quien no tiene un hogar al que regresar.

La trama arranca con un motor narrativo clásico: un encargo, una búsqueda o un encuentro fortuito que saca al protagonista de su letargo. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, la sinopsis nos plantea un viaje que es tanto físico como introspectivo. Bill se ve envuelto en una intriga que lo obliga a cruzar fronteras, enfrentándose no solo a antagonistas tangibles —personajes que parecen extraídos de una película de John Huston o Howard Hawks— sino también a los fantasmas de su propia identidad. Hay en el guion una constante sensación de "búsqueda del tesoro", pero no necesariamente de uno hecho de oro, sino de una verdad o un sentido de pertenencia en un mundo que se vuelve cada vez más complejo y menos romántico.

Visualmente, *Bill Kansas* es un festín para los amantes de la "línea clara". Se nota la influencia de maestros como Hergé o Yves Chaland, pero tamizada por la sensibilidad mediterránea de Roca. El dibujo es limpio, elegante y extremadamente eficaz en su narrativa. Paco Roca

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