Bestias de Burden (Beasts of Burden) es una de las propuestas más singulares y emocionalmente resonantes del cómic contemporáneo. Creada por el guionista Evan Dorkin y la artista Jill Thompson, esta obra se aleja de las convenciones del género de animales antropomórficos para sumergirse de lleno en el horror sobrenatural, la fantasía oscura y el drama existencial. La premisa es tan sencilla como efectiva: en el aparente y tranquilo suburbio de Burden Hill, un grupo de mascotas locales —cinco perros y un gato— actúa como la única línea de defensa contra las fuerzas de lo oculto que amenazan tanto a su comunidad como a sus desprevenidos dueños humanos.
La narrativa se centra en un equipo diverso de investigadores cuadrúpedos. Entre ellos destacan Ace, un Pastor Alemán con un fuerte sentido del deber; Rex, un Doberman valiente pero atormentado; Pugsley, un carlino con un humor ácido; Whitey, un Jack Russell Terrier; Red, un Chow Chow; y Huérfano, un gato callejero que aporta una perspectiva cínica y necesaria al grupo. A diferencia de otras historias protagonizadas por animales, aquí no se busca la caricatura. Los protagonistas mantienen sus instintos y comportamientos animales, pero poseen la capacidad de comunicarse entre sí y, lo más importante, de percibir las anomalías metafísicas que los humanos ignoran por completo.
El escenario, Burden Hill, funciona como un personaje más. Bajo su fachada de normalidad suburbana, el pueblo es un nexo de actividad paranormal. A lo largo de sus historias, los protagonistas se enfrentan a una variedad de amenazas que van desde cementerios de mascotas encantados y jaurías de perros zombis, hasta aquelarres de ratas negras, ranas caníbales y espíritus vengativos que habitan en los bosques circundantes. La serie no escatima en la representación del peligro; el mundo de *Bestias de Burden* es peligroso, sangriento y, a menudo, letal.
Uno de los pilares fundamentales de la obra es el apartado visual de Jill Thompson. Su uso de la acuarela es magistral y define la identidad del cómic. Thompson logra un contraste fascinante: por un lado, su estilo tiene una suavidad orgánica y una belleza estética que evoca los libros de cuentos clásicos; por otro, es capaz de representar escenas de horror visceral, vísceras y criaturas grotescas con una crudeza impactante. Esta dualidad visual refuerza el tono de la historia: la vulnerabilidad de estos animales frente a horrores cósmicos y antiguos que superan su comprensión.
El guion de Evan Dorkin destaca por su capacidad para equilibrar el terror con un profundo desarrollo de personajes. A pesar de ser animales, los conflictos internos de los protagonistas son profundamente humanos. Se exploran temas como la lealtad incondicional, el trauma, el duelo por los compañeros caídos y el peso de la responsabilidad. El título, "Bestias de Burden", es un juego de palabras que no solo hace referencia al nombre del pueblo, sino a la "carga" (burden) que estos animales han decidido llevar sobre sus hombros. Son guardianes silenciosos que sufren heridas físicas y psicológicas en una guerra secreta que nadie les ha pedido luchar, pero que asumen por amor a sus familias.
La estructura de la serie suele alternar entre relatos cortos autoconclusivos y arcos argumentales más extensos que van tejiendo una mitología mayor sobre el origen del mal en Burden Hill y la existencia de una sociedad secreta de "perros sabios" que practican la magia. Esta progresión permite que el lector se familiarice con la dinámica del grupo antes de enfrentarlos a desafíos que ponen a prueba su cohesión y su cordura.
En resumen, *Bestias de Burden* es una obra que desafía las etiquetas. No es un cómic infantil, a pesar de sus protagonistas; es una pieza de horror maduro que utiliza la perspectiva animal para ofrecer una mirada fresca y desgarradora sobre el heroísmo y el sacrificio. Es una lectura esencial para quienes buscan una narrativa atmosférica, visualmente deslumbrante y emocionalmente honesta, donde el mayor horror no siempre proviene de los fantasmas, sino de la pérdida de la inocencia y el costo de la protección.