Ricardo Barreiro es, sin lugar a dudas, uno de los guionistas más influyentes de la historieta argentina y un referente ineludible del cómic adulto europeo de finales del siglo XX. En "Crónica de tres guerras", Barreiro despliega su capacidad para diseccionar la condición humana bajo la presión extrema del conflicto armado. Esta obra no debe entenderse como una hagiografía de la milicia o una exaltación del heroísmo convencional, sino como un tríptico descarnado sobre la alienación, el miedo y la futilidad de la violencia organizada.
El volumen recopila relatos centrados en tres escenarios bélicos definitorios: la Guerra de las Malvinas, la Guerra de Vietnam y la Guerra del Golfo. Aunque cada segmento cuenta con su propia identidad visual y narrativa, el nexo común es la mirada crítica de Barreiro, quien utiliza el género bélico para explorar las cicatrices psicológicas de los combatientes y las contradicciones políticas que los envían al frente.
En el bloque dedicado a las Malvinas, el autor aborda el conflicto desde una perspectiva profundamente íntima y dolorosa. Siendo Barreiro un autor argentino, el tratamiento de este episodio evita el panfletismo nacionalista para centrarse en la crudeza del clima, la precariedad de los recursos y la soledad del soldado en las islas. La narrativa se aleja de las grandes estrategias de despacho para situarse en la trinchera, donde el enemigo no es solo el soldado británico, sino el frío extremo y la sensación de abandono por parte de los mandos superiores. Es un relato de supervivencia donde la épica es sustituida por el patetismo de la realidad.
El segmento de Vietnam se adentra en la iconografía clásica de la selva, pero bajo el prisma del "delirio bélico". Aquí, Barreiro explora la desintegración moral de las tropas estadounidenses, la incomprensión del terreno y la transformación del individuo en una máquina de matar desprovista de propósito. La selva actúa como un personaje más, un entorno claustrofóbico que devora la cordura de los protagonistas. En este apartado, el guionista aprovecha para denunciar el imperialismo y la deshumanización del "otro", temas recurrentes en su bibliografía.
Finalmente, la sección de la Guerra del Golfo ofrece un contraste tecnológico y mediático. Si en Malvinas y Vietnam el conflicto era táctil y visceral, aquí se presenta la "guerra aséptica" de los misiles inteligentes y las pantallas de ordenador. Barreiro analiza cómo la distancia tecnológica desensibiliza al ejecutor, convirtiendo la muerte en un dato estadístico o en una imagen granulada en un monitor. Es una crítica feroz a la modernidad bélica y a la espectacularización del conflicto por parte de los medios de comunicación.
Desde el punto de vista técnico, el cómic destaca por la colaboración de artistas que logran plasmar la atmósfera opresiva de los guiones. El uso del blanco y negro es fundamental; las sombras densas y el alto contraste refuerzan la sensación de desesperanza y suciedad inherente a la guerra. El dibujo no busca la belleza estética, sino la expresividad del trauma. Los rostros de los personajes suelen reflejar un cansancio existencial que trasciende las palabras.
La estructura narrativa de "Crónica de tres guerras" es directa, con diálogos secos y una voz en off que a menudo actúa como un monólogo interior reflexivo. Barreiro no busca sorprender con giros de guion artificiosos, sino golpear al lector con la inevitabilidad de la tragedia. La obra se posiciona como un ejercicio de memoria histórica y una advertencia universal sobre la repetición de los errores humanos.
En resumen, este cómic es una pieza fundamental para entender la evolución de la historieta bélica hacia terrenos más maduros y sociopolíticos. No es solo una crónica de batallas, sino un estudio sobre la pérdida de la inocencia y la maquinaria implacable de la guerra que consume tanto a vencedores como a vencidos. Una lectura esencial para quienes buscan en el noveno arte una reflexión profunda sobre la realidad contemporánea, alejada de los tópicos del género de acción.