Bad Blood

Publicado originalmente por Dark Horse Comics, *Bad Blood* es una miniserie de cinco números que surge de la colaboración entre dos figuras prominentes del género fantástico y de terror: el guionista Jonathan Maberry, ganador de múltiples premios Bram Stoker, y el artista Tyler Crook, cuyo estilo distintivo ha dejado huella en obras como *Harrow County* y *B.P.R.D.* Esta obra se aleja de las convenciones románticas o góticas del mito del vampiro para ofrecer una narrativa cruda, visceral y profundamente humana que subvierte las dinámicas de poder entre el depredador y la presa.

La historia se centra en Trick, un joven cuya vida está marcada por una tragedia inminente: padece una forma agresiva de leucemia. Su existencia se ha reducido a sesiones de quimioterapia, debilidad física y la resignación de saber que sus días están contados. Sin embargo, este estado de vulnerabilidad extrema se convierte en el eje central de un giro argumental brillante. En el universo de *Bad Blood*, los vampiros no son criaturas elegantes que habitan castillos, sino depredadores urbanos, antiguos y despiadados que se alimentan de la esencia vital de los humanos.

El conflicto estalla cuando Trick es atacado por uno de estos seres. En cualquier otra circunstancia, el joven habría sido una víctima fácil, un simple despojo para un cazador nocturno. Pero la enfermedad de Trick y, sobre todo, los potentes fármacos de su tratamiento, han alterado su composición química. Lo que para un humano es medicina, para un vampiro resulta ser un veneno letal. Al intentar alimentarse de él, el depredador sufre una reacción catastrófica. Trick descubre entonces que su "sangre mala" —el mismo elemento que lo está matando— es su arma más poderosa y su único escudo contra una sociedad secreta de monstruos que ha operado en las sombras durante siglos.

A partir de este incidente, la narrativa se transforma en un relato de venganza y supervivencia. Trick, acompañado por su mejor amigo Kyle, decide que no pasará sus últimos días esperando el final en una cama de hospital. En lugar de eso, utiliza su condición única para dar caza a aquellos que consideran a la humanidad como ganado. La premisa de Maberry es fascinante porque despoja al protagonista de la invulnerabilidad típica del héroe de acción; Trick sigue estando enfermo, sigue siendo frágil y cada enfrentamiento supone un riesgo físico enorme que va más allá de las garras de sus enemigos.

El apartado visual de Tyler Crook es fundamental para establecer el tono de la obra. Su uso de las acuarelas y una paleta de colores apagados, con predominancia de tonos terrosos, grises y rojos viscerales, refuerza la atmósfera de decadencia y realismo sucio. Crook tiene una habilidad especial para dibujar rostros que transmiten un cansancio existencial, lo que encaja perfectamente con la caracterización de Trick. Los vampiros, por su parte, son representados con una estética grotesca y alienígena, alejándolos de cualquier rastro de humanidad y subrayando su naturaleza de parásitos antiguos.

*Bad Blood* destaca por su ritmo cinematográfico y su capacidad para explorar temas profundos como la mortalidad, el propósito de la vida frente a la muerte y la ironía del destino. No es solo un cómic de terror con escenas de acción sangrientas; es una reflexión sobre qué significa luchar cuando ya no tienes nada que perder. La obra evita los "florituras" innecesarias y se concentra en una trama directa, donde la tensión se construye a través del contraste entre la fragilidad del protagonista y la brutalidad de sus antagonistas.

En resumen, *Bad Blood* es una pieza esencial para los aficionados al cómic de horror contemporáneo que buscan una vuelta de tuerca inteligente al género vampírico. Jonathan Maberry construye un guion sólido y sin concesiones, mientras que Tyler Crook eleva la historia con un arte atmosférico que captura la desesperación y la determinación de un hombre que encuentra su razón de vivir en el mismo proceso que lo está consumiendo. Es una historia cerrada, compacta y ejecutada con una precisión técnica que demuestra por qué ambos autores son referentes en la industria actual.

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