Baco

Baco, la obra monumental de Eddie Campbell, es una de las cumbres del cómic independiente y una de las exploraciones más profundas y singulares que se han realizado sobre la mitología clásica en el noveno arte. Lejos de las representaciones heroicas o idealizadas de los dioses griegos que suelen abundar en el género de superhéroes, Campbell nos presenta una visión desencantada, terrenal y profundamente humanista de las deidades antiguas, situándolas en un contexto contemporáneo que oscila entre el realismo sucio y la fantasía metafísica.

La premisa central de la obra nos presenta a Baco, el antiguo dios del vino y el desenfreno, no como una figura atlética y radiante, sino como un anciano cansado, vestido con una gabardina raída y que pasa la mayor parte de su tiempo en bares de mala muerte. A diferencia de sus hermanos del Olimpo, que han sucumbido al paso de los milenios o se han adaptado de formas grotescas a la modernidad, Baco ha sobrevivido gracias a su capacidad para contar historias. Él es el último depositario de una memoria que se desvanece, un dios que ha cambiado la inmortalidad gloriosa por la supervivencia a base de anécdotas y copas de vino.

La narrativa de Campbell no sigue una estructura lineal convencional, sino que se despliega como una vasta red de relatos interconectados que abarcan miles de años. A través de sus páginas, asistimos a la decadencia de los antiguos mitos y a su lucha por encontrar un lugar en un mundo que ya no cree en ellos. El conflicto principal de la serie se articula en torno a la figura del "Eyeball Kid" (el Chico del Globo Ocular), un nieto de Argos que representa la nueva generación de semidioses: seres violentos, carentes de la sabiduría del pasado y consumidos por el odio y la ambición. Esta rivalidad sirve como eje para explorar temas como el relevo generacional, la pérdida de la inocencia y la naturaleza cíclica de la violencia.

Uno de los mayores logros de *Baco* es su tono. Campbell logra amalgamar el drama épico con la comedia de bar, la filosofía existencial con el género negro y el estudio histórico con la sátira social. La obra se divide en varios arcos argumentales significativos, como "La inmortalidad no es para siempre" o "Las mil y una noches de Baco", donde el autor utiliza el recurso del relato dentro del relato para dar voz a otros personajes secundarios, como el astuto Hermes o el trágico Joe Theseus. Cada historia secundaria refuerza la idea de que los dioses no son más que proyecciones de los deseos y miedos humanos, condenados a repetir sus errores eternamente.

Visualmente, el cómic es un ejercicio de expresionismo en blanco y negro. El estilo de Campbell es deliberadamente rugoso, con un trazo nervioso y cargado de texturas que refuerza la atmósfera de decadencia y realismo que impregna la obra. No busca la perfección anatómica, sino la captura de la emoción y el movimiento. Sus páginas están llenas de sombras y composiciones que evocan tanto el arte clásico como el fanzine más crudo, creando una estética única que separa a *Baco* de cualquier otra obra de su época.

En última instancia, *Baco* es una meditación sobre el poder de la narrativa. Campbell sugiere que los dioses solo mueren cuando se deja de hablar de ellos, y que la verdadera divinidad reside en la capacidad de transformar la experiencia humana en mito. Es una obra densa, rica en referencias literarias y mitológicas, pero siempre accesible gracias a la voz cercana y cínica de su protagonista. Para el lector, acompañar a este viejo dios en su periplo por los suburbios del mundo moderno no es solo un viaje a través de la mitología, sino una reflexión sobre la memoria, la vejez y la persistencia del espíritu humano frente al olvido. Es, sin duda, una pieza esencial para entender la evolución del cómic adulto contemporáneo.

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