Axa – Mundo salvaje

Axa: Mundo Salvaje representa uno de los hitos más significativos del cómic de aventuras y ciencia ficción de finales de los años setenta y principios de los ochenta. Creada originalmente como una tira de prensa para el diario británico *The Sun* en 1978, la obra es el resultado de la colaboración entre el guionista Donne Avenell y el extraordinario dibujante español Enrique Badía Romero. Este último, ya consagrado por su trabajo en *Modesty Blaise*, volcó en Axa toda su maestría técnica para dar vida a un universo post-apocalíptico que se ha convertido en un referente del género.

La premisa de la obra nos sitúa en un futuro lejano, aproximadamente en el año 2080. Tras una catástrofe global que ha devastado la civilización tal como la conocemos, los supervivientes de la raza humana se han dividido en dos facciones drásticamente opuestas. Por un lado, se encuentra la ciudad de Eisenstadt, una metrópolis protegida por una cúpula tecnológica donde la sociedad vive bajo un régimen de orden absoluto, lógica fría y una represión emocional asfixiante. Por otro lado, fuera de los muros de cristal, se extiende el "Mundo Salvaje", un territorio indómito, peligroso y regresado a un estado de naturaleza bárbara.

La protagonista, Axa, es una mujer de espíritu indomable que se niega a aceptar la existencia estéril y programada de la ciudad abovedada. Su rebelión no es política en un sentido tradicional, sino vitalista. Axa ansía la libertad por encima de la seguridad, lo que la lleva a escapar de los confines de Eisenstadt para adentrarse en el exterior desconocido. Al cruzar esa frontera, la narrativa se transforma de una distopía tecnológica en una epopeya de supervivencia y descubrimiento.

El "Mundo Salvaje" que Axa recorre es un entorno hostil donde los restos de la antigua tecnología se mezclan con la superstición y la ley del más fuerte. A lo largo de sus viajes, la protagonista debe enfrentarse a una variedad de desafíos que definen la riqueza de este universo: desde tribus nómadas que han olvidado su pasado hasta mutaciones biológicas provocadas por el antiguo colapso, pasando por máquinas autónomas que aún patrullan zonas muertas. Axa no viaja sola por mucho tiempo; pronto se le une Mark, un antiguo militar de la ciudad que, aunque inicialmente intenta capturarla, termina compartiendo su destino y su lucha por la autonomía personal.

Desde el punto de vista artístico, el trabajo de Enrique Badía Romero es el pilar fundamental que sostiene la obra. Su estilo se caracteriza por un dominio magistral de la anatomía humana y una capacidad asombrosa para dotar de expresividad a los personajes. Axa es diseñada no solo como un icono de belleza, sino como una figura de fuerza y agilidad, capaz de manejarse con la espada y el arco con una destreza que rivaliza con cualquier héroe del género de espada y brujería. El uso del claroscuro y el detalle en los paisajes desolados logran transmitir una atmósfera de soledad y peligro constante, haciendo que el entorno sea un personaje más de la trama.

El cómic explora temas profundos bajo su apariencia de aventura ligera. Se cuestiona el precio del progreso, la dicotomía entre la civilización y la barbarie, y la necesidad humana de autodeterminación frente al control estatal. Axa no es una heroína infalible; es una mujer que aprende sobre la marcha, que comete errores y que debe lidiar con las consecuencias de su búsqueda de libertad en un mundo que no ofrece garantías.

En resumen, *Axa: Mundo Salvaje* es una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic de aventuras adulto. Su mezcla de ciencia ficción distópica, fantasía heroica y un dibujo de altísimo nivel técnico la sitúan como una obra de culto. Es la crónica de una huida hacia adelante, un viaje hacia lo desconocido donde la verdadera meta no es un lugar geográfico, sino la recuperación de la esencia humana en un mundo que ha perdido el rumbo. Para el lector contemporáneo, representa una oportunidad de descubrir una narrativa directa, visualmente impactante y carente de artificios innecesarios, centrada puramente en el conflicto eterno entre el individuo y el sistema.

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